La Pandilla (Our Gang): La niñez en blanco y negro

Hace ya algunos años, en televisión española, cuando sólo funcionaban dos canales, la VHF y la UHF, es decir la primera y la segunda, cuando aún en algunas casas la caja tonta se veía en blanco y negro, empezó a emitirse un programa llamado La bola de Cristal.  Sé que algunos se sorprenderán de que, a medidos de los años 80, aún existieran televisiones en blanco y negro, pero haberlas las había. En mi casa una.
Los sábados por la mañana, después de que se hiciera el consabido zafarrancho de combate (en casa éramos muchos y no valía la excusa de la corta edad para no arrimar el hombro), llegaba el momento de darnos el gusto con La bola de cristal. Dentro de ese programa se emitían los capítulos de una famosa serie de televisión  americana llamada La pandilla –Our gang- , o Little Rascals.
A algunos, nos cogió creciditos, pero lo cierto es que nos lo pasamos como enanos viendo a una Alaska moviéndose con soltura por un plató, entre la bruja avería y otros personajes que,  los de aquella generación aún recordamos.
Sin embargo, de lo que quería hablar era de aquella serie que, en blanco y negro, nos transporta a momentos de inocencia que nunca volverán. Como he dicho, La pandilla era una serie de televisión  que empezó a filmarse en los EEUU allá por los años 20 del siglo pasado. Empezaron mediante unas filmaciones en cine mudo y, con el transcurso del tiempo, pasaron a incorporarse al cine sonoro. En aquella serie se contaba las peripecias de un grupo de niños y su perro.  La pandilla la formaban un grupo de chavales, todos vecinos y amigos.  Puedo afirmar que no recuerdo los nombres más que de un par de ellos: Spanky, que era el jefe de la pandilla, Alfalfa, Darla y el perro Petey. Pero aunque sólo soy capaz de recordar estos nombres, recuerdo que  eran una infinidad de críos, algunos blanquitos como la nieve, con un churrete por flequillo y otras tan negritas como el carbón.
Una serie sorprendente por la cantidad de niños que trabajaban en ella, que eran sustituidos unos por otros a medida que iban creciendo, y que actuaban con tanta naturalidad que se podía tener la sensación de que lo filmado era el día a día de esos chavales de principios del siglo pasado.
Hace no muchos días, desde Canadá, una persona querida,  me envió, adjunto con un mail, un enlace a esta serie.  Desde entonces me ronda escribir algo sobre ella, no sobre la persona querida (eso queda para mis cosas personales), y hoy, como podría haber sido cualquier otro día, me he decidido a ello. Sé que no es mucho lo que digo al respeto en este texto. Pero lo mejor que pueden hacer es rescatar algunos capítulos a través de youtube  (durante meses intenté localizar alguna grabación en DVD de aquella serie y no lo he conseguido); véanlos, si tienen hijos que juegan con la Playstation, con la Wii y esas otras cosas que no sé cómo se llaman,  siéntenlos con ustedes en el sofá y ríanse con ellos de aquellos juegos y pillería de los colegas de nuestros bisabuelos.
© Del Texto: Anita Noire


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.