¿Qué les pasa a los hombres?

“¿Te acuerdas de ese chico tan mono que te dijo que te llamaría y nunca lo hizo? Quizás perdió tu número. Quizás está en el hospital. Quizás se ha visto intimidado por tu belleza, inteligencia y éxito. O quizás es que no le interesas”.
Con una sola pregunta y las siguientes respuestas, tres  de ellas misericordes, una cierta como un martillazo en la cabeza, comienza la comedia romántica y de enredo Qué les pasa a los hombres.
Esta comedia escrita por Greg Behrendt y Liz Tucillo ( guionistas de Sexo en Nueva York, una de las series de televisión con más éxito de todos los tiempos), y dirigida por Ken Kwapis, está protagonizada por  un plantel de conocidos actores: Ben Affeck, Jennifer Aniston, Drew Barrymore, Jennifer Connell, Kevin Conolly, Scartlett Johansson y Justin Long.
Una comedia romántica que desde luego no pasará a la historia del cine, pero que ofrece dos horas de diversión y entretenimiento que, con los tiempos que corren, no es mala cosa.  La película se divide en dos líneas argumentales: la de las mujeres que tienen una pareja estable y la de la que la buscan casi desesperadamente. Ambas líneas confluyen en la necesidad de encontrar una estabilidad, un cómplice con el que compartir la vida  y alrededor de todo ello: los engaños, las esperas, la incomunicación, las interpretaciones fallidas y, porque no decirlo,  las estrategias encaminadas a obtener una atención que, no es por desanimar, fracasan siempre. Una película que, pese a ser eso, una película, encierra situaciones tan reales como la vida misma.
Y es que, ¿quién no se ha encontrado en alguna ocasión esperando a que el teléfono suene mientras se arregla las uñas de los pies? ¿Quién no ha comprobado setecientas cincuenta y tres veces si el cable del teléfono sigue en la roseta ante una llamada que se demora? ¿Quién no ha buscado en la lista de fallecidos del periódico si aparece el nombre de ese tipo que prometió que el sábado saldríais a cenar y jamás llamó, pese a que en la primera cita te repitió doscientas mil veces que eras la mujer de su vida? Quien no conteste afirmativamente al menos a una de las anteriores preguntas no es humana.
Es cierto que es una película llena de topicazos, en la que parece que el objetivo máximo de las mujeres sea encontrar un hombre, pero, desengañémonos, eso que negamos cientos de veces con un gesto de suficiencia es, en muchos casos, una de las metas a alcanzar.  No tiene nada de malo, la compañía, la complicidad de la pareja es algo estupendo aunque, de vez en cuando, lo denostemos por formulas aparentemente más modernas que, en el fondo, encierran esa misma necesidad. Porque la búsqueda de una felicidad compartida nada tiene que ver con la independencia, la autosuficiencia.
Una película sin chicha ni limoná, que no pasará, como he dicho, a los anales del cine, pero que permitirá pasar un buen rato, disfrutar de lo guapo de los actores, de lo armónico de la ambientación y, porque no decirlo, vernos retratados durante un rato, lo que nos permitirá concluir que tanto aquí, como en Sebastopol, como en Baltimore, las mujeres seguimos sin comprender a los hombres.
© Del Texto: Anita Noire


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