Happy thank you more please

Favorita del público en el festival Sundance 2010 Happy thank you more please no deja de ser otra película de amor y estereotipos. Sí, que manera más alentadora de empezar una crítica, pero es que es así. Y entonces, ¿qué la convirtió en favorita del festival de los festivales alternativos (que por cierto ha ido decayendo con los años)?
Unos cuantos jóvenes que buscan la felicidad en la capital de las capitales, Nueva York. Estereotipos. El amor y todos los temas que le rodean. Además de una banda sonora excelente.
Josh Radnor, más conocido por su papel de Ted Mosby en la serie Cómo conocí a vuestra madre, ha ido a lo seguro en su primer trabajo como director (en el que también es protagonista) con esta comedia romántica apta para todos los públicos, acercándose al espectador con un tema universal que ha sabido abordar desde un punto de vista simplemente correcto. El gancho está en unos personajes algo planos con un discurso menos plano lleno de guiños terapéuticos y la combinación de escenas profundonas, ante las que es imposible no sentirse identificado, con otras verdaderamente divertidas para olvidar lo anterior; todo ello acompañado de una ternura inevitable que aumenta gradualmente según nos vamos encariñando del personaje de Rasheem, un niño que Sam (Josh Radnor) ha encontrado en el metro y del que no se sabe nada además de que ha pasado toda su corta vida en casas de acogida.
No hace falta pensar mucho para hablar de amor, pero sí para hacerlo de manera inspiradora. En realidad el mensaje que nos lanza Radnor es una subida de autoestima en toda regla. El amor llega en forma de pack: sinceridad, capacidad de adaptación, sufrimiento, cariño, miedo (en ocasiones espantoso), madurez; y todo ello forma parte de un proceso en el que Radnor, a través de sus personajes, aboga por la modalidad de sé tú mismo, pero no olvides que sufrir no es un requisito imprescindible para poder ser feliz. Todos merecemos ser queridos. Y es que, el optimismo es agotador; sí, todos necesitamos una tregua a la hora de cumplir con ese deber social de mantener el tipo y también tenemos el derecho a pasar por ese proceso como nos dé la gana sin por ello sentirnos obligados a sentir que la parte dolorosa la tenemos merecida para obtener la felicidad como recompensa.
Todos necesitamos que nos recuerden eso de vez en cuando. Eso y un final agridulce, como la vida misma, es lo que ha movido al público del Sundance 2010 a escoger este largometraje como favorito, supongo. Yo desde luego, me quedo con el mensaje. Cada uno que encuentre su inspiración, y por supuesto, no deje de pasar un buen rato.
© Del Texto: Coletas


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