Lola: Mover el mundo

El amor a los hijos, a los nietos, es algo universal. Pocas personas, pocas mujeres, no aman a los suyos. Puede que ese amor venga calcado en el genoma humano y, pase lo que pase, se esté donde se esté, la coincidencia de sentimientos cree una alianza universal entre mujeres en posiciones difíciles y complicadas.
Lola, es la historia del amor incondicional, el amor de dos abuelas, dos ancianas, por sus nietos uno víctima del otro. Un crimen las colocarán en posiciones absolutamente enfrentadas, una defendiendo la memoria de su nieto asesinado en un callejón cualquiera, y la otra, defendiendo a un nieto culpable de la muerte de un muchacho tan pobre como él, tan parecido a él, que podría ser él mismo.
Lola es una película filipina dirigida por Brillante Mendoza a la que, gracias a la pericia de quien sea, se le decidió conservar el título.
Lola, no es el nombre de nadie, Lola, en tágalo, significa abuela. De ahí que a lo largo de toda la película vayamos recurrentemente de Lola Sepa (la abuela de la víctima) –Anita Linda- a Lola Puring (la abuela del agresor)- Rustica Carpio-. Una y otra, desde su pobreza más absoluta, desde su más que digna ancianidad, recorrerán los suburbios de su ciudad en busca de dinero que les permita a una preparar un funeral digno para su nieto y pagar los gastos de un proceso judicial que persiga al asesino de su nieto, y a la otra, para encontrar el dinero con el que hacer frente a una fianza con la que conseguir la libertad para su nieto encarcelado.
Una película conmovedora, con un formato casi documental, en el que la fotografía, casi periodística, nos aleja de sentimentalismos baratos y resalta la extrema debilidad física de dos ancianas que con las peores condiciones, físicas e incluso metereológicas (terribles tormentas las acompañan en sus periplos), no dudan en lanzarse a la calle para proteger, de la única manera que está a su alcance, a sus nietos.
Lo magnífico de esta película, que en algunos momentos alcanza unos niveles de sensibilidad y humildad que rayan lo genial, es que nos muestra las dos posturas frente a unos mismos hechos, dos posiciones tan encontradas que se nos hace difícil pensar que puedan provocar los mismos sentimientos de abatimiento, impotencia y desolación para, en un momento dado, recordarnos que la voluntad puede mover muros que parecen imposibles de derribar.
Lola es una lección dada desde la sencillez, desde la fidelidad a los sentimientos aún cuando estos puedan parecer incomprensibles porque ¿Es posible amar y seguir creyendo a quien sabemos que es un asesino? Nos puede parecer imposible, pero no lo es.
Si buscan la cinta en español, no la van a encontrar, sólo existe la versión en tágalo, subtitulada a nuestro idioma, pero una vez más, con esta situación, posiblemente debida al poco interés que despierta el cine filipino en nuestro país, nos hace un favor. Mantienen la esencia y la credibilidad del metraje. Les aseguro que creerán estar viviendo como un espectador en off la vida de dos mujeres que existen en algún lugar recóndito de Filipinas.
No es una película dirigida al gran público, a algunos les aburrirá soberanamente, les sobrarán los 110 minutos que dura pero, puedo asegurarles que si se sientan libres de prejuicios, disfrutaran, desde el pesar, de una historia tan cierta como es una muerte absolutamente absurda y ridícula.
Si finalmente deciden darse un paseo por esta cinta, no se pierdan los primeros minutos, presten una atención infinita y allí, ya en esos momentos iniciales, quedarán colgados de la entrega de estas ancianas que, con amor y perseverancia, consiguen mover el mundo.
Una película para minorías. Ahora debe decidir donde quiere colocarse, con las mayorías o con las minorías. Ud. mismo.
© Del Texto: Anita Noire


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