dic 3 2011

In Time: No malgastes mi tiempo

Andrew Niccol es el director de In Time. He leído que ha vuelto a la ciencia ficción para fusionar Gattaca y La fuga de Logan. Y yo creo que no es así. Lo que ha hecho ha sido meter en un cubo de plástico a Bonnie & Clyde, a Robin Hood y algo parecido a Coge el dinero y corre. Lo ha movido con fuerza y le ha salido este tostón. Un último intento de maquillar el desastre consiste en contarnos que llegará el día en que los humanos tengamos un reloj digital debajo de la piel que nos marcará el momento exacto de nuestra muerte si no conseguimos cargarlo con tiempo extra.
La película es totalmente previsible. Pero, además, desde el minuto uno. La trama se parece a quinientas ya contadas. La cosa es aburrida hasta límites insoportables. Los diálogos son estúpidos, los personajes son estereotipos (no se salva ni uno solo), las interpretaciones son lamentables y, por si era poco, el final invita a que esto continúe con alguna secuela. La buena noticia es que, si terminan rodando una segunda parte, seguramente, será algo mejor que este contenedor de despropósitos. Hacerlo peor es un reto más que improbable.
Justin Timberlake debería dedicarse a otra cosa. En esto del cine no tiene nada que hacer. Amanda Seyfried debería empezar por comprender que una pantalla de cine no es una pasarela. Y que para modelo tampoco creo que sirva. Vincent Kartheiser no es nada creíble defendiendo su papel. Nunca lo es defendiendo casi ninguno. Incluido el de la serie televisiva Mad Men. Y Cillian Murphy parece un marmolillo al que dan cuerda para que parezca que no está dormido como un lirón. La dirección de actores es nefasta. Deberían llevar una copia a las escuelas de cine para que los que llegan sepan, exactamente, lo que no hay que hacer.
Vestuario y peluquería, desaparecidos. Dirección de arte, desaparecida. Banda sonora, desaparecida. Fotografía, lamentable (esta se deja ver, lamentablemente).
Lo del guión es caso aparte. No recuerdo algo tan patético en los últimos meses. Y los ha habido malos de verdad. No creo que se diga una sola cosa inteligente durante la película.
Si la película quería ser una metáfora, la explicación del mundo en el que vivimos, el resultado es ridículo. Eso que nos cuentan en In Time es lo que nos dicen, cada día, en la prensa más militante y es, por supuesto, aburrido. La película no aporta nada. Y cuando digo nada quiero decir nada. Mezclar muchas cosas (otros lo llaman guiños a esto o aquello) aunque sean buenas no es, necesariamente, garantía de obtener algo bueno. Es, más bien, un insulto y una estafa. Cómo será que, habitualmente, miro con cara de pocos amigos a mis compañeros de butaca si comen palomitas o van radiando la película y esta vez ni me he molestado. Lo que quería es que aparecieran los créditos para salir pitando.
Si no quieren perder unos euros ni su tiempo ya saben lo que tienen que hacer. Cualquier otra cosa será más rentable que esta película. En un momento de la película, uno de los personajes deja escrito en un cristal no malgastes mi tiempo. Se lo dice al protagonista. Deberían aplicarse el cuento lo artistas que han elaborado esta propuesta vacía.
© Del Texto: Nirek Sabal


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dic 3 2011

Lola: Mover el mundo

El amor a los hijos, a los nietos, es algo universal. Pocas personas, pocas mujeres, no aman a los suyos. Puede que ese amor venga calcado en el genoma humano y, pase lo que pase, se esté donde se esté, la coincidencia de sentimientos cree una alianza universal entre mujeres en posiciones difíciles y complicadas.
Lola, es la historia del amor incondicional, el amor de dos abuelas, dos ancianas, por sus nietos uno víctima del otro. Un crimen las colocarán en posiciones absolutamente enfrentadas, una defendiendo la memoria de su nieto asesinado en un callejón cualquiera, y la otra, defendiendo a un nieto culpable de la muerte de un muchacho tan pobre como él, tan parecido a él, que podría ser él mismo.
Lola es una película filipina dirigida por Brillante Mendoza a la que, gracias a la pericia de quien sea, se le decidió conservar el título.
Lola, no es el nombre de nadie, Lola, en tágalo, significa abuela. De ahí que a lo largo de toda la película vayamos recurrentemente de Lola Sepa (la abuela de la víctima) –Anita Linda- a Lola Puring (la abuela del agresor)- Rustica Carpio-. Una y otra, desde su pobreza más absoluta, desde su más que digna ancianidad, recorrerán los suburbios de su ciudad en busca de dinero que les permita a una preparar un funeral digno para su nieto y pagar los gastos de un proceso judicial que persiga al asesino de su nieto, y a la otra, para encontrar el dinero con el que hacer frente a una fianza con la que conseguir la libertad para su nieto encarcelado.
Una película conmovedora, con un formato casi documental, en el que la fotografía, casi periodística, nos aleja de sentimentalismos baratos y resalta la extrema debilidad física de dos ancianas que con las peores condiciones, físicas e incluso metereológicas (terribles tormentas las acompañan en sus periplos), no dudan en lanzarse a la calle para proteger, de la única manera que está a su alcance, a sus nietos.
Lo magnífico de esta película, que en algunos momentos alcanza unos niveles de sensibilidad y humildad que rayan lo genial, es que nos muestra las dos posturas frente a unos mismos hechos, dos posiciones tan encontradas que se nos hace difícil pensar que puedan provocar los mismos sentimientos de abatimiento, impotencia y desolación para, en un momento dado, recordarnos que la voluntad puede mover muros que parecen imposibles de derribar.
Lola es una lección dada desde la sencillez, desde la fidelidad a los sentimientos aún cuando estos puedan parecer incomprensibles porque ¿Es posible amar y seguir creyendo a quien sabemos que es un asesino? Nos puede parecer imposible, pero no lo es.
Si buscan la cinta en español, no la van a encontrar, sólo existe la versión en tágalo, subtitulada a nuestro idioma, pero una vez más, con esta situación, posiblemente debida al poco interés que despierta el cine filipino en nuestro país, nos hace un favor. Mantienen la esencia y la credibilidad del metraje. Les aseguro que creerán estar viviendo como un espectador en off la vida de dos mujeres que existen en algún lugar recóndito de Filipinas.
No es una película dirigida al gran público, a algunos les aburrirá soberanamente, les sobrarán los 110 minutos que dura pero, puedo asegurarles que si se sientan libres de prejuicios, disfrutaran, desde el pesar, de una historia tan cierta como es una muerte absolutamente absurda y ridícula.
Si finalmente deciden darse un paseo por esta cinta, no se pierdan los primeros minutos, presten una atención infinita y allí, ya en esos momentos iniciales, quedarán colgados de la entrega de estas ancianas que, con amor y perseverancia, consiguen mover el mundo.
Una película para minorías. Ahora debe decidir donde quiere colocarse, con las mayorías o con las minorías. Ud. mismo.
© Del Texto: Anita Noire


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