Un dios salvaje: Las apariencias en juego

Un nuevo trabajo de Roman Polanski -para el aficionado al cine- es como un regalo de cumpleaños. Y ese momento en el que entras a la sala de proyección para recibirlo es mágico.
La sala llena. Una espera con el murmullo general de fondo que avisa. Algo grande va a pasar. Se apagan las luces. El silencio es inmediato. El cine apesta a cine. El mundo, más que otras veces, se reduce a una butaca, a ti mismo.
Desde la primera escena, la atención se agarra a la pantalla. Y, ya presa, se deja querer por lo que Polanski cuenta, por los personajes, por cada frase que disecciona una realidad cercana que no queremos ver. Cuando aparecen los créditos finales nadie se mueve en su asiento. Parece que el tiempo no haya pasado. Excelente película. Gran cine. Polanski sigue siendo ese regalo esperado cada cierto tiempo que, raramente, hay que devolver.
Un dios salvaje es la última película de Roman Polanski. Se trata de una adaptación de la obra de Yasmina Reza que tituló Le dieu du carnage. Una obra intocable, premiadísima. Polanski la lleva al cine de forma magistral. Respetando la esencia del original (es una película muy teatral, claro) aunque haciendo el cine que él sabe hacer, el cine en el que se mueve con soltura. Dos escenas en exteriores y el resto dentro de un apartamento. Lo más lejos que se desarrolla la trama es la entrada del ascensor. Más tarde descubrimos que eso es una fantasía, que, en realidad, lo importante está sucediendo lejos de allí. Y, desde esa trama oculta, llega el sentido de la película. Al menos, buena parte de él. Cuatro personajes. Dos parejas. Un conflicto que les hace estar en el mismo lugar. Personajes que explotan desde el principio llenando la pantalla. Entre otras cosas porque los que interpretan esos papeles son Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz y John C. Reilly. Un reparto de lujo para personajes de lujo. Jodie Foster asume su trabajo por completo. Creíble, contenida a pesar de que su personaje es indómito, vocalizando cada palabra con una perfección casi ridícula para que el espectador sepa encajar el discurso sin problemas de una mujer que, desde el principio, anuncia fricción con otros. La señora Winslet, por la que el que escribe siente y confiesa una gran admiración, deja claro porqué se la considera una de las mejores actrices del mundo. Magnífica. Su personaje se deja ver poco a poco y ella va progresando a la par. El final de la película lo llena ella solita. Christoph Waltz es el que menos despunta aunque está muy, muy bien. Su personaje evoluciona mucho (el que más lo hace de todos y que el sostiene la propuesta en pie sin fisuras), pero no permite grandes alharacas. Y lo de John C. Reilly es cosa de marcianos o algo así. Impresionante en su papel.
La apariencia y su falsedad es lo que mueve la trama. Todo lo que vemos puede ser distinto a lo que es en realidad; cualquier ingrediente puede servir para que lo oculto aparezca de forma inesperada, o no, para cambiarlo todo. Hipocresía, las formas correctas, desatarse y dejarse llevar. ¿Cómo son las relaciones humanas? ¿Qué puede ser la causa para que todo se venga abajo?
La película es divertidísima, muy inteligente. El ritmo es el preciso. Todo se acompasa por un gesto, por un detalle. Polanski cuida al máximo los movimientos de una cámara que desaparece al instante para no hacer acto de presencia nunca más. El espectador deja de notar el cine para asumir lo que ve como parte de la realidad. Los diálogos son formidables. Creo que no hay frase que se pronuncie sin un sentido claro que explique y estructure el resto. La iluminación es perfecta. La peluquería diseña la personalidad de cada personaje y su evolución. Todo es cine del bueno.
Desde luego, si va usted a ir al cine, la propuesta de Polanski es una oportunidad para disfrutar. Los jóvenes pueden ir con tranquilidad porque se lo van a pasar en grande. Y si pueden ver la película en versión original, ni se lo piensen porque merece la pena.
Qué sensación tan extraordinaria y tan auténtica produce ver una obra de esta categoría.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.