El corazón del ángel

Las cosas del demonio son siempre inquietantes. Las cosas de los detectives privados, bien contadas, son fascinantes. Unir ambos escenarios en uno solo y hacerlo con acierto es un reto que puede terminar siendo un producto de lo más atractivo.
El corazón del ángel es eso. Una historia en la que se investiga el mal y enseña el único camino que existe para lograrlo: estar dentro. Si no es desde el mismísimo infierno nada se puede saber de él.
Se trata de una buena película, una película que no es apta para aquellos a los que la sangre y el asunto demoniaco les desagrade especialmente, una película que deja un sabor de boca desagradable. Además de esto (casi todo lo oscuro, teniendo un poquito de gracia al contarlo, produce el mismo efecto), El Corazón del ángel tiene algunas cosas muy buenas. Por ejemplo, el guión está bien diseñado y su autor es bastante honesto. Las trampas argumentales son mínimas. Un espectador atento puede intuir desde el principio qué es lo que sucede sin convertir en previsible la trama. Evidentemente, un segundo visionado de la película pierde mucha emoción. Otro ejemplo de cosas buenas es la actuación de Mickey Rourke. Está muy bien en su papel. Y, además, el vestuario, el maquillaje y la peluquería casan a la perfección. Por su parte, Robert DeNiro (aunque en un papel menor) llena la pantalla con una sonrisa miedosa y una actitud muy lograda desde el punto de vista interpretativo. Alan Parker, el director, hizo un trabajo magnífico en la dirección de actores. No sólo con Rourke y DeNiro. Lisa Bonet (algo sosita) y Charlotte Rampling se mueven con gracia y cumplen bien. Más cosas buenas. Por ejemplo, la cuidadísima partitura de Trevor Jones y los temas elegidos para completar el trabajo musical. Girl of my dreams, Honey Man Blues o Sunny Land son algunos ejemplos de ello. Cada escena se acompaña por la música más apropiada. Y los matices de la imagen son una maravilla. Aunque sólo fuera por escuchar buen jazz (casi todo blues) merecería la pena ver El corazón del ángel.
Sería una pena hablar de la trama teniendo que desvelar algo de ella. Por tanto, me voy a resistir a la tentación. Sólo diré que, a pesar de un final que se resuelve entre algún atropello que otro, la estructura resiste muy bien la carga expresiva y narrativa. La película es adaptación de una novela firmada por William Hjortsberg que tituló Falling Angel.
En cualquier caso, lo que si se puede decir es que, terminada la película, el espectador se queda con los pelos de punta por muchas razones. El Lucifer de DeNiro es inquietante; las muertes horrorosas; el mundo un poco más oscuro. Con algo de miedo en el cuerpo, vaya. Y sin muchas ganas de comer huevos duros. Ya saben que para muchas religiones representan el alma humana (el personaje ya se encarga de recordarlo). Almas y diablos es mala cosa para la tranquilidad personal.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.