Apocalypto: La gran injerencia del cristiano

Lo peor que le puede ocurrir a un autor es que, con la excusa de hacer ficción, se le vea el plumero. Es decir, cargar ideológicamente una obra sin justificación alguna, convertir el relato en sostén de lo que uno piensa aunque eso no quepa. Maquillar el mensaje para que parezca otra cosa cuando la razón de contar sea difundir una idea personal, es muy peligroso. A eso se le llama injerencia. La narración va por un lado, pero el autor se afana por dejar claro lo que piensa al precio que sea. Aunque su obra se vacíe por los cuatro costados.
Apocalypto es una película dirigida por Mel Gibson. Cuenta la historia de un individuo maya medio bueno que es arrancado de su aldea por otros mayas muy salvajes cuando estos llegan buscando prisioneros para que sean, bien vendidos como esclavos, bien sacrificados por los sacerdotes de una gran ciudad en la que se pide a los dioses que las cosas vayan mejor. Es tal el despropósito histórico que presenta Gibson que es mejor pasar por alto el nombre de ciudades que ya estaban deshabitadas en ese momento, idiomas (en esta películas todos hablan el mismo) o cualquier dato que nos hiciera pensar en la verdadera cultura maya. El caso es que se produce un eclipse (justo cuando llega el turno de morir a nuestro maya medio bueno) que es tomado por los sacerdotes como señal inequícova para dejar de hacer sacrificios. Pero los captores acabarán con él si no lo evita. Y, cuando los malos llegaron a su poblado, dejó a su mujer y a su hijo dentro de un pozo. Hay que rescatar a la familia. Más o menos. Y todo esto ¿para qué se cuenta? Pues para mostrar la llegada de los españoles a bordo de sus naves, para mostrar que la civilización cristiana fue la única posibilidad de libertad para los indígenas americanos (última y breve escena final). Ese estado salvaje en el que se encontraban sólo podía ser mejorado con una cruz, una espada y la viruela. Ese es el objeto de la película. Si hubiera querido el director retratar la cultura maya se hubiera ceñido a los datos históricos más básicos. Si hubiera querido contar las aventuras del protagonista se hubiera ahorrado (y al espectador) escenas de una crueldad infinita (nada, poca cosa, corazones arrancados en vivo, cuerpos mutilados y esas cositas). Parece que Gibson le ha cogido gusto a eso de mostrar sangre y vísceras con la excusa de esto ha pasado de verdad.
Aparte de esa injerencia que destroza el trabajo, ¿cuenta Gibson bien la historia? Pues no lo hace mal del todo. El problema es que esa trama es un disparate absoluto. Yo no recuerdo un héroe de ficción con más suerte que este maya medio bueno. Todo lo que va sucediendo se ajusta con exactitud a las necesidades del personaje. Por ejemplo, corre durante un minuto delante de un felino asesino sin que le alcance. Imposible. Sencillamente imposible cuando arrancan casi desde el mismo lugar. Se produce un eclipse justo cuando le van a sacrificar (vale). El eclipse dura veinte segundos (en fin). Pasados unos minutos la luna que se ve a pleno día en el cielo no corresponde con la que tendría que lucir (esto es lo que hay). Y, mientras, los mayas van recibiendo golpes de todos los colores, mordiscos de felinos, picaduras de serpiente y un largo etcétera con todo lo que puedan imaginar. Gibson nos lo presenta con todo lujo de detalles. Claro, si te dan un palo en la cabeza sale mucha sangre de allí. Pues nada. Que sea a chorros, pensó Gibson.
La música es un desastre descomunal. Cualquiera que tenga un mínimo de conocimientos se llevará las manos a la cabeza. Pero no pasa nada. Porque, entre flechazo y cabeza cortada lanzada por unas largas escaleras, no te enteras de nada. Vestuario y maquillaje son de las pocas cosas que se salvan. Eso está francamente logrado.
Y todo este despliegue de casquería para decirnos que el cristianismo es grande sin que se note mucho la intención. Una pena, porque la idea era estupenda y este director que sabe lo que es el ritmo narrativo podría haber logrado una gran película. Debe ser que le sobró sangre de su anterior película. Sí, esa en la que nos enseña la carnicería que se hizo en Galilea, La Pasión de Cristo.
© Del Texto: Nirek Sabal

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2 Respuestas en “Apocalypto: La gran injerencia del cristiano”

  • marcela lopez ha escrito:

    ninguna carnicería en “La Pasión de Cristo” ningún director de cine había mostrado con tal realismo la historia verdadera del calvario. La Biblia dice, que no quedo parecer alguno en él. Asi que la película se queda corta para el sufrimiento que realmente el Señor sufrió por nosotros.

  • bea colina ha escrito:

    Hola, creo que ha sido muy duro este comentario, la película en sí está excelente, muestra la realidad de la cultura maya y los pueblos pacífico y de lo que ocurriría luego con la llegada de los españoles -para mi gusto más salvajes que los salvajes-
    Asi que pues, no veo la razón de esta crítica tan destrutiva, siento que hay un poco de envidia, ya que al Sr. Gibson le gusta lo verdadero y no los espejitos de colores que nos cuentan los supuestos cristianos!
    Nada más…..gracias