Criadas y señoras: Sobre la segregación racial

Sobre la segregación racial en los EEUU se han escrito cientos de novelas y se han rodado otras tantas películas. The Help, traducida de una manera absolutamente horrorosa al español por Criadas y Señoras, no deja de ser una película más al respecto. La edulcorada historia de la segregación racial en un pueblo de la América profunda, Jackson. Un melodrama que a buen seguro se llevará una buena cantidad de Oscars porque es una película bienintencionada y si no, al tiempo.
Dirigida por Tate Taylor, a quien también debemos el guión, Criadas y Señoras, es la adaptación de la novela escrita por Kathryn Stockett, The Helph. Ambos, director y novelista, amigos desde la infancia, vivieron su niñez en el sur de los Estados Unidos y conocieron, de primera mano, las postrimerías de la sociedad que ambos pretenden reflejar en sus respectivos trabajos.
El argumento es sencillo. Blanca sureña, de nombre Skeeter Phelan (Emma Stone), vuelve a casa tras su paso por la universidad. Ya en casa descubre que el mundo que ella ha mamado, plantaciones sureñas, criados negros, es terriblemente injusto y así, mientras combina las partidas de bridge con sus amigas pijas y racistas, entre las que ya no se reconoce, descubrirá el mundo que se esconde tras la negra faz de los que sirven. Acompañándola en este periplo personal, Hilly Holbrook (Bryce Dallas Howard), mala malísima y Elisabeth Leefolt (Ahna O’Relly), ambas bien casadas, con hijos y servicio, negro, por supuesto.
Skeeter, con un inicial trabajo en un periódico redactando las contestaciones a las cuestiones domésticas que le plantean a través de un consultorio; idea escribir un libro sobre lo ingrato que es el mundo de la servidumbre negra en los Estados del Sur, sobre lo mal que viven y sobre las experiencias tan traumáticas por las que pasan las mujeres que sirven en los hogares de los blancos. Para ello cuenta con la ayuda, clandestina, por supuesto, de dos sirvientas Aibileen Clarck (Viola Davis) y Minni Jackson (Octavia Spencer), que, con un poder de persuasión increíble, convencerán a un grupo de sirvientas de Jackson para que relaten a Skeeter las penurias de su existencia. Con todas las historias, incluida la propia, su experiencia con la que fue la criada de su casa, Constantine (Anna Camp), cruelmente despedida en su vejez por su propia madre, hará un libro que se distribuirá por todo el país y que alcanzará un índice de popularidad brutal que no dejará de remover los cimientos de su pueblo.
Pueden encontrar en el mercado cientos de películas sobre el tema racial, tanto desde el punto de vista del negro esclavo, como del blanco miembro o simpatizante del ku klux klan, como de los blancos buenísimos. Por poner un ejemplo: Mississippi burning, Malcom X o cientos más. Pero si quieren ver una buena película sobre el tema, no una versión edulcorada de una de las atrocidades más grandes de la historia, no les recomiendo Criadas y Señoras. Una película que parece hecha para querer quedar bien con todo el mundo. Así encontramos blancos malos malísimos y buenos-buenísimos, y negros- malotes pero menos y negros buenos como el pan bendito. Una dualidad tan edulcorada que da hasta cierta grima.
Sin embargo, contrariamente a lo que pueda parecer a la vista de lo que he escrito en las anteriores líneas, debo reconocer que es una cinta que gustará al gran público, es una película amable, que entretiene y que pese a las dos horas y media de duración no se hace nada pesada. Algunas anécdotas son realmente graciosas (no perderse la venganza de Minny y su delicioso pastel). Si uno no tiene grandes pretensiones, más que pasar una tarde entretenida pues ésta es una buena opción.
Yo, después de lo visto y tras pasarlo por el tamiz de la realidad, de lo oscuro que está todo al salir del cine, me quedo con las preguntas que me han venido a la cabeza lo largo de toda la película ¿Si tanto les odiaban, los blancos a los negros, cómo se explica que su bien más preciado, sus hijos, fuera criados y amados por aquellos sirvientes negros a los que despreciaban hasta el vómito? ¿Y cómo podían aquellos hijos blancos, criados por los negros, olvidar quien les cuidó y fomentar el desprecio por el simple color de la piel? La respuesta es sencilla: el ser humano es gilipollas, por naturaleza, claro.
© Del Texto: Anita Noire


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