Another year: Pasa la vida

Llevo un buen rato pensando en qué decir sobre Another year. Mido las palabras porque no quisiera caer en lo recargado para contar que es lo que puede tener de especial una película que, en apariencia, es absolutamente simple, que no tiene trama alguna. No es sencillo. Y es que en Another Year, Mike Leight, su director, prescinde de la trama  y convierte a sus personajes, su caracterización, en el centro de una historia que no existe.  Porque su historia es la suma de las seis personas que protagonizan la película. Es difícil de explicar. Una historia sin historia que nos cuenta mucho sobre la soledad, la incomprensión y la falsa empatía. Sin contarnos nada.
Y es que, si uno pretende que le cuenten una historia al uso -introducción, nudo y desenlace- se equivoca escogiendo esta película. La historia es precisamente la falta de ella. Unos personajes, perfectos en su concepción, son los que nos trasportarán a lo largo de las cuatro estaciones por la que Leight les hace transitar.  ¿Para qué? ¿Con qué finalidad? ¿Hacia dónde van? Pues hacia ningún sitio, se limitan a vivir una vida cotidiana, ordinaria, sin pretensiones. Eso es lo que nos muestra el director. No hay hechos  ni situaciones  transcendentes. Y ahí radica la gracia de esta película y en eso Leight que es un genio, ya lo ha demostrado en sus trabajos anteriores (Secretos y Mentiras; Abigail’s Party, entre otras), en  reflejar los ambientes urbanitas y corrientes de la vida en Gran Bretaña, a través de unos personajes completamente redondos. Esta vez nos llevará desde la armonía aparente de lo cuasi perfecto, a lo desquiciante de la insatisfacción, de la soledad. Contrapondrá la contención de lo adecuado y ordenado a lo desbordado, caótico y a la falta de complacencia personal.
La maestría es total. Leight, nos presenta a una pareja madura, un matrimonio modélico, con una vida ordenada. Tom (Jim Broadbent) y Gerri (Ruth Sheen), que viven una relación  plácida, absolutamente cómplice en todos los aspectos de la vida. Él geólogo, ella terapeuta. A su alrededor, Mary (Lesley Manville -posiblemente el mejor personaje de toda la película y la mejor interpretación, también-), la amiga desquiciada de Gerri, insatisfecha de una vida que se le escapa de las manos, absolutamente histriónica y sola, muy sola.  Ken (Peter Wight), amigo de Tom, abocado al alcohol y una inmensa soledad. Ronnie (David Bradley), el fracasado y asocial hermano de Tom que queda viudo sin que sepamos nada de su antes, de su después, ni de su esposa muerta. Junto a estos cinco personajes, para mí los fundamentales de la película, aparecerán los colaterales Joe (Oliver Maltman), el perfecto hijo de Tom y Gerri  y la odiosa, por estupenda, novia de Joe, Katie (Karina Fernández). Pero junto a estos, como una aparición fugaz  al inicio de la película,  Janet (Imelda Staunton), la ansiedad y el desconsuelo contenido en una interpretación que pocas veces, con tan pocas palabras, son capaces de expresar tanto; la infelicidad hecha mujer.
Lo he dicho al inicio, en esta película lo que importa no es lo que pasa, que es realmente poco, sino los personajes. Estoy segura de que no gustará a muchos, la considerarán lenta, falta de ritmo, carente de una acción necesaria. Sin embargo, me parece un estupendo trabajo de elaboración de personajes. Un trabajo espectacular pues, sin que ocurra nada, sólo las expresiones de sus caras, las conversaciones corrientes -como las que podemos tener cualquiera de nosotros-  los gestos, nos pondrán en evidencia la diferencia y el distanciamiento entre los que creemos cercanos.
Puede que sea una de las mejores películas que he visto en los últimos tiempos. ¿Puede mostrarse una tristeza infinita a través de una mirada? Se puede, Mike Leight lo hace. Y puedo asegurarles que si buscan una escena de la historia del cine que les muestre el dolor del aislamiento y la soledad, sólo tiene que sentarse y  ver Another year, esperar a los últimos segundos de la película y les aseguro que la habrán encontrado. Mary (Lesley Manville) se la entregará.
Una película alejada del relumbrón, pero que luce por sí misma. No apta para quien busque grandes acontecimientos, aquí sólo pasa la vida, sin más.
© Del Texto: Anita Noire


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