Somewhere: La indolencia del buen cine

Puede que muchas personas, cuando vean que la directora de Somewhere es Sofia Coppola le pongan , a la película, la proa inmediatamente y huyan de las salas de cine como alma que se lleva al diablo. Son muchos los que no le perdonen ser hija de quien es (Francis Ford Coppola) y parece, porque son muchos que así lo creen, que tiene que ir pidiendo perdón por ello cada vez que dirige una película. Pero lo cierto es que Sofía Coppola, con una filmografía no demasiado extensa, ha creado una manera de hacer cine. Ese cine intimista que a algunos, sea hija de quien sea, nos gusta. Sofia Coppola hace un cine diferente, explica sus historias, las que ella misma escribe, de una manera absolutamente distinta y lo hace con una estética indiscutible.
Con SomewhereCoppola nos vuelve a poner frente al aburrimiento vital, al sin sentido del que tiene el éxito y el reconocimiento de los desconocidos y ha dejado de reconocerse a sí mismo porque su vida se ha convertido en una porquería que sólo se sostiene sobre más porquería. De esta manera, Coppola nos presenta a Johnny Marco (Stephen Dorff). Un actor de éxito internacional en mundo artificial, de lujo, de sexo de pago, y alcohol, por el que se arrastra sin ninguna voluntad, hasta que la convivencia, absolutamente accidental, durante unos días con su hija, de apenas once años Cleo (Elle Fanning) le coloca, de nuevo, en la casilla de salida en busca de un modo de vivir distinto.
La película se sucede contrastando los ambiéntes y los escenarios frios, caóticos, desordenados e incluso lúgubres en los que se alza como progatonista absoluto Johnny, con los luminosos, armoniosos que se suceden cuando los comparte con Cleo. Este juego de la puesta en escena reconcilia las dos realidades, la de un tipo perdido y la de su hija que, sin él, se encuentra igualmente perdida. La necesidad del encuentro, el compartir la vida desde lo que importa, el alejamiento de lo frivolo y superficial, eso es lo que muestra Sofia Coppola.
La parsimonia de su desarrollo, sin sobresaltos, sin grandes hechos que, aparentemente, marquen la vida de uno y otro, el padre y la hija, marcaran la evolución de Johnny desde su apatía y abandono, a una aparente, sólo aparente, toma de posición frente a su vida.
Si algún pero tengo que ponerle a la película de Coppola es el final, pero eso forma también parte del cine de esta directora, finales que nos dejan esperando algo que no va llegar nunca, el siguiente paso, ese que el protagonista dará, es el que imaginemos nosotros mismos.
La fotografía, como siempre, excepcional. La música escogida con un acierto absoluto, la mezcla de Phoenix, Bryan Ferry y Paolo Jannacci entre otros, acuna cada uno de los minutos de esta película. Una historia indolente para disfrutar una noche más indolente aún.
© Del Texto: Anita Noire


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.