Sin límites: Sin nada

The Dark Fields es una novela de Alan Glynn. Sin Límites es una película realizada por Neil Burger. El guión de la película es el resultado de la adaptación de esa novela por parte de Leslie Dixon. La película es una castaña pilonga. Inverosímil. Busca el director más las formas que el fondo (eso no podía ser de otra forma puesto que no hay fondo alguno) y todo es un enorme desastre narrativo que trata de salir a flote a base de mucha acción, mucho tópico, personajes misteriosos (es más exacto decir personajes que nadie sabe qué pintan en este asunto y se justifican a la ligera) y mucha escena visualmente correcta aunque vacía. Si esto es lo que le espera al cine en el futuro estamos arreglados. Una estafa, un despropósito. Indignante por ser un insulto a la inteligencia.
El personaje principal es Eddie Morra (un aburrido Bradley Cooper). Se trata de un escritor incapaz de comenzar su novela, con una vida sentimental destrozada y sin un dólar en el bolsillo. Casualmente, se encuentra con el que fue su cuñado. Este le proporciona una pastilla de NZT (droga nueva y carísima) que le permite utilizar la capacidad cerebral al máximo. A partir de ese momento, la vida de Morra se llena de dinero, fama, talento, asesinatos, intriga y todo lo que usted puede imaginar. La trama se desarrolla entre giros imposibles, ideas baratas que se usan para resolver los problemas narrativos y sorpresas que no son otra cosa que trampas (eso sí, no se las traga ni un niño de dos años) que tratan de dar lustre a la idea principal: si la mente humana pudiera aprovecharse al máximo el mundo sería otro. Menuda cosa. Aparece por allí Robert De Niro para hacer uno de los papeles más flojos de su carrera (entre otras cosas porque el personaje que interpreta es un topicazo que no aporta nada ni a la película ni a lo que se ponga por delante). Y poco más que contar.
Mucho juego de imágenes tratadas digitalmente y poco cine. La música no puede ser más ramplona. La fotografía es más producto del nivel técnico actual que del trabajo de Jo Willems. Los maquilladores debían estar en huelga y se limitan a manchar de rojo las heridas y poco más. Nada tiene sentido, nada invita al espectador a pensar en que está frente a un producto de ficción y las reglas del juego son otras. Nada es cine en esta película.
Que el cine sea, entre otras cosas, un espectáculo que busque el entretenimiento del espectador, no significa que tenga que convertirse en una especie de sustancia evasiva sin ningún objetivo y sin el más mínimo fondo. El cine no puede convertirse en una idiotez que consumen los más tontos del planeta. Y esta película es reflejo de lo que pasa más habitualmente de lo que queremos creer. Si pueden no vea este bodrio.
© Del Texto: Nirek Sabal


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