La conversación: Cuando la película es un personaje

La Conversación es un peliculón. No me extraña que recibiese la Palma de Oro el año 1974 en el Festival de Cannes. Acumula todo lo que una buena película debe sumar. Unas interpretaciones extraordinarias (la de Gene Hackman defendiendo el papel del espía Harry Caul es impresionante); una banda sonora envidiable (David Shire); un guión profundo, tenso, alejado de la ramplonería; una fotografía más que correcta; una planificación exacta. Y un personaje, sencillamente, descomunal. Porque La conversación es una película que se presenta como una propuesta de su director (un Francis Ford Coppola tocado por las musas. Esta película está rodada en la misma época que El Padrino o Apocalipse Now) que se apoya en el personaje. La película es un personaje.
Harry Caul es uno de los personajes mejor diseñados y más interesante de la historia del cine. El conflicto interno y su relación con el mundo aparecen desde el primer momento, van convirtiendo la película en una especie de jaula en la que se mueve un hombre que hace de motor para que todo se conmocione. Como una rata de laboratorio que corre sin cesar dentro de una rueda. Se perfila desde el diálogo, pero, sobre todo desde sus silencios; desde la relación con el resto del mundo; desde una religión casi enfermiza en la que Dios se ve como algo miedoso y al que hay que rendir cuentas cada dos por tres. Harry Caul es discreto, distante, solitario, frío, desconfiado, obsesivo, escurridizo. Todo lo observa desde una distancia suficiente que impide llegar a tener relaciones intentas con las personas o las cosas. Nada de intimidades. Es músico de jazz en sus ratos libres. Pero interpreta la música en solitario. Siente que está escapando siempre. Nadie le comprende porque no cuenta con nadie (excepto con Dios) para ser entendido. Pero Harry Caul tiene un pasado, no está solo en el mundo, siente la culpa agarrada a las sienes. Todo esto, encarnado en Gene Hackman se convierte en un personaje de una potencia arrasadora porque asistimos a la construcción de un alma que evoluciona, que soporta una trama sin problemas, que no dice una frase de más, que escucha y guarda silencios que el espectador puede interpretar conociendo al personaje. Magnífico.
La Conversación es una película que trata el tema de la culpa. Para ello se apoya en una trama que se va aclarando a medida que escuchamos una conversación entre dos jóvenes, en el pasado de Caul, en los peligros del éxito, en la confusión que puede generar el lenguaje si nos dejamos llevar por él y no por todo el entorno. La culpa y la soledad que se genera con ella.
Aparecen en pantalla un jovencísimo Harrison Ford, un correcto Cazale, Cindy Wiliams o Frederic Forrest. Todos muy bien dirigidos en sus papeles, pero con intervenciones cortas y que sólo sirven para iluminar al personaje principal. El despliegue de Hackman eclipsa todo lo demás.
Francis Ford Coppola dirige la película con maestría. Fue guionista y productor, también. El movimiento de la cámara es magnífico. Y algunos planos inolvidables. Comienza la película con un plano picado (es el que pueden ver en el vídeo que encontrarán al final del texto) que nos lleva directos al corazón del relato. Como en las buenas novelas en las que encontramos una primera página que agarra al lector para no soltarle ya; ese primer plano sumerge al espectador en un embrollo difícil de entender, pero que nos invita a continuar hasta el final. Así está planificada la película. Cada plano es el necesario, el justo. Por otra parte, logra sacar el máximo rendimiento de Gene Hackman. Ni un gesto nos hace dudar de la verosimilitud del personaje. Ni uno solo.
Por si era poco, la banda sonora es fabulosa. Y los efectos de sonido estupendos.
O sea, que lo tiene todo. Si no la han visto ya no dejen de hacerlo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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