Women Without Men: La belleza del símbolo

Algunas películas resultan aburridas para el gran público porque no se entienden bien. Son propuestas muy exigentes que tienen un hueco concreto y fuera de él no funcionan. Son películas que no manejan lo evidente para contar sino que recurren al símbolo provocando en unos (los que son capaces de ir más allá de lo superficial) una fascinación desbordante y en otros un aburrimiento insoportable. Esto no hace que un espectador sea bueno y otro malo. No. Lo que demuestra es que existen diferentes tipos de espectadores para diferentes tipos de cine. Unos buscan la exquisitez, otros pasar un rato agradable frente a la pantalla. Por eso, encuentro injusto tachar de intelectualoides a unos y patanes a los otros. Es querer convertir el cine en una mofa de sí mismo o en coto privado para los menos.
Alguien que se atreve con el símbolo como herramienta narrativa debe saber a lo que se expone, el riesgo que corre. Porque el ser humano hace mucho tiempo que renunció a buena parte de sí mismo dando la espalda a lo simbólico y apostando por lo material, por lo superficial. Es lo que hay.
Women without men es una película excelente. Pero no a todo el mundo le gustará. La propuesta de Shirin Neshat está construida desde lo que representa cada cosa y no sobre lo que se ve de ellas, desde un tiempo histórico y narrativo difuso, desde un punto de vista muy complejo que nos arrastra hasta lo onírico sin dejar claro qué es real y que forma parte de la imaginación del narrador, desde una acción pasada que busca despertar sensaciones profundas en el espectador; desde una mezcla de religión, violencia, injusticia, incomprensión y espacios físicos cargados de un significado difícil de captar y comprender. Su película habla de las mujeres, de su papel durante un momento muy concreto de la historia iraní, de cómo el mundo puede ser dibujado con trazo diverso por cada una de ellas para que todo termine siendo la misma cosa. Envuelta en injusticia, en un poder atroz de los hombres que reducen a, casi, la nada. Es una película que exige del espectador (occidental) una atención y una comprensión nada habitual. No ya sólo por el contenido del metraje (en sí mismo es complejo, bello, profundo, enigmático) sino por la distancia cultural que hay entre oriente y occidente. Por ejemplo, buena parte de la acción se desarrolla en una casa de campo rodeada por un inmenso jardín. Una de las protagonistas, Zarin (papel que interpreta una escuálida Orsi Toth), ha llegado hasta allí huyendo de su destino. Parece recuperarse y, al mismo tiempo, el jardín florece apareciendo como un lugar bello y agradable. Más adelante, esa casa se llenará de gente. Intelectuales que repiten frases de otros para explicar las cosas, militares que recitan poemas para engatusar a las damas, miembros de la aristocracia iraní que se muestran vacíos e interesados por un poder protector con ellos. Zarin enferma antes de que lleguen, Zarin empeora mucho cuando ya están allí. Todo esto se explica teniendo presente lo que representa el jardín en el mundo islámico. Es un lugar de ostentación de prestigio en el que se puede tener paz, contacto con lo espiritual, Es un lugar en el que corre el agua purificadora y causante de la vida; agua en la que se refleja la luz que es, también, belleza y vida. El jardín representa un orden cósmico. Es el mundo que debería ser. Y conocer esto no es cosa habitual. El que no alcanza a saberlo puede perderse lo mejor e, incluso, aburrirse.
La fotografía de la película (Martin Shahrnush) está cuidadísima y es de una belleza que quita la respiración. Hacía mucho tiempo que el que escribe no disfrutaba tanto frente a una pantalla de cine. Fotografía que se acompaña de una música exquisita. La partitura de la película la firma Ryuichi Sakamoto. Y de un guión consistente, profundo y lleno de significado. Las interpretaciones son todas estupendas. Pegah Ferydoni, Arita Shahrzad, Shabnam Tolouei y Orsi Toth, no son famosas, pero da gusto ver cómo hacen su trabajo. Los diálogos, aunque sobrios, son suficientes para sugerir en el espectador esa forma de entender de la directora. A través de la palabra nos vemos inmersos en una imagen poderosa, de belleza descomunal.
La película habla no sólo de las mujeres sino desde las mujeres. También se habla de los hombres aunque estos forman parte del escenario sin apenas intervenir salvo que la violencia o la injusticia sean protagonistas. La película habla de la importancia de una mujer que está siempre expuesta a ser reducida en soledad. Muestra el lado femenino del cosmos, lo contrapone al masculino y nos ofrece como resultado el mundo en su dimensión más conocida.
Women without men comienza con una mujer, Munis, lanzándose al vacío desde la azotea de su casa. Durante la caída tendremos tiempo de saber por qué hace eso, qué hubiera hecho ella si hubiera podido vivir en libertad, qué piensa de la muerte propia y de la ajena, cómo estructura todo un cosmos. Un suicidio que funciona a modo de metáfora: cualquier camino para las mujeres lleva al mismo lugar salvo retiradas de un machismo estúpido, salvo retiradas en la belleza que salva cualquier vida humana. Antes y después de la muerte, del eterno silencio.
© Del Texto: Nirek Sabal


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2 Respuestas en “Women Without Men: La belleza del símbolo”

  • Núria A. ha escrito:

    Después de ver esta película, no pude evitar recurrir a la novela de Shahrnush Parsipur en la que está basada.Puedo asegurarte que la película no tiene nada que envidiarle a la novela. En cuanto a Shirin, esperemos que los próximos trabajos cinematográficos (con esta película ha debutado), nos mantenga en ese tipo de cine del que no se puede, no se debe, prescindir. Una película inolvidable en todos los aspectos.
    PD: Tu gusto cinematográfico está mejorando por momentos.

  • G. ha escrito:

    Gracias a las recomendaciones de mis lectores mi gusto cinematográfico se extiende. No se puede ver todo lo que hay. Así que lo mejor es hacer caso y ser selectivo.
    P.D.: Tu gusto por l buena crítica está mejorando por momentos.