La niebla: Una historia mil veces contada y mal

Los millones de espectadores que andan sueltos por el mundo merecen un respeto. Ni son una banda de seres sin capacidad de reflexión, ni se tragan lo que les echen sea lo que sea. Es posible que, a veces, nos dejemos engañar por una puesta en escena espectacular (Avatar es el caso más reciente); es posible, pero eso no significa que alguien con un mínimo de criterio aguante insultos a su inteligencia como si no pasara nada.
Stephen King escribió una novela. Frank Darabont rodó una película adaptando esa novela. El resultado fue La niebla. Un desastre absoluto; una película llena de seres horribles que sólo sirven para que los niños no duerman, de personajes instalados en el tópico, de diálogos mal construidos y absurdos. El tema de fondo es el miedo. Si una persona tiene miedo todo puede pasar porque el comportamiento del ser humano sufre una ruptura absoluta y los comportamientos más primitivos son los que prevalecen sobre los culturales y sociales. Menuda cosa. Esto ya nos lo han contado un millón y medio de veces. Sin tanto insecto enorme, sin tanta araña asesina y sin tanta sangre. Les aseguro que La niebla es una película prescindible. Casi nada de lo que muestra es digno de ver.
Si tuviera que salvar algo sería la banda sonora. The Host Of Seraphim es el tema central y, francamente, no está nada mal.
Todo en la película es exagerado. No sólo las criaturas horribles. Las interpretaciones de Thomas Jane, Marcia Gay Harden, Laurie Holden o André Braugher se ven descontroladas en algunos momentos y siempre increíbles. Debe ser producto del imposible entendimiento que genera en el espectador que se digan, unos a otros, esa cantidad de idioteces. O, tal vez, sea que en esta película, su director, sabía que lo que podía salvar la obra eran unos efectos especiales y visuales extraordinarios. Pero esos efectos tampoco son gran cosa. Eso sí, bastante asquerosos. Llenar la pantalla de arañas es lo que tiene.
Mezclar el fanatismo religioso, a un niño llorando, la tranquilidad y serenidad de los ancianos, a un padre (hay más, pero me da pereza continuar), y poner a todos frente a una situación extrema hace que los personajes estallen como una pompa de jabón, que desaparezcan desde el primer momento. Además, creo yo que el miedo no es lo mismo que el histerismo o la locura. En esta película todo es fanatismo, locura, violencia.
Un verdadero desastre en todos los sentidos. Incluso el despliegue técnico para mostrar a esos seres tan malignos se queda en la normalidad. Hoy en día, los niveles son tan importantes que cuesta mucho trabajo conseguir algo original que impresione al espectador.
Si pueden evitarse la experiencia de perder el tiempo sin ton ni son, no lo duden.
© Del Texto: Nirek Sabal


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