Cowboys & Aliens: Un disparate que no lo es tanto

Me gustan las películas de indios y vaqueros. En esta aparecen muchos indios y muchos vaqueros. Me gustan las películas de marcianos (las sci-fi, que queda más fino). En esta hay unos cuantos. Esta película nace de un cómic escrito por Fred Van Lente y Andrew Foley (con ilustraciones de Dennis Calero). Me gusta el cómic. Así que esta que va de todo a la vez me debería de encantar. Pues no. Me ha gustado el principio y me han dado ganas de levantarme del asiento de mitad de la película en adelante. Qué falta de imaginación para resolver los problemas que los propios guionistas se crean. Montan un castillo que tiran de una patada. Hay que ver lo torpes que son. John Favreau hace lo que puede con lo que tiene a mano, pero como resulta que este no es Buñuel ni Ford, hace muy poco con lo que tiene a mano.
El caso es que la película es divertida en su primera mitad. Hay hasta chistes que no están mal. Daniel Craig y Harrison Ford se empeñan es sacar adelante la cosa. Más creíble Craig que Ford. Si añadimos unos efectos visuales y sonoros de maravilla pues lo pasamos bien. Pero, a partir de ese momento, la cosa se convierte en un topicazo mil veces contado y, por eso, mil veces más aburrido.
Un bandido muy serio (Daniel Craig) y muy malo despierta en el desierto. Nuevo México. Finales del siglo XIX. Lleva en la mano izquierda un brazalete metálico que no se puede quitar y que no sabe ni para qué sirve ni nada de nada. Como es un forajido y ha perdido la memoria (una mezcla poco aconsejable para los que son malos) va hasta un pueblo en el que le esperan con los brazos abiertos. Al calabozo. Cuando le van a trasladar aparece por el pueblo un coronel del ejército retirado (Harrison Ford) que busca a su hijo. El hijo está detenido junto al malo. Pero, este, por tonto. En plena discusión para que suelten al hijo del coronel y para que alguien le pegue dos tiros al malo por ser como es, aparecen unas naves espaciales que destrozan lo que pillan en el camino y se llevan a los habitantes del lindo pueblecito. Y, a partir de aquí, hay de todo.
De verdad que es una pena que nadie haya huido de lo tópico y de lo simplón para resolver la trama. En algunas escenas vemos por allí viejas películas a las que se homenajean (atención a la forma de la nave y a lo que recuerda. Para los más olvidadizos daré una pista: Encuentros en la … fase) sin gran acierto, casi todo se resuelve entre un lío tremendo de imágenes que se solapan entre ruidos de explosiones y carreras frenéticas de humanos y bichos. De hecho, yo pensaba que los hombres deberían haber muerto (todos) poco después de comenzar el gran lío, pero no, el caos no me dejó contar bien.
Son dos horas de cine de entretenimiento. Desde luego no es un paquete, ni un disparate sin pies ni cabeza. Yo diría que sin pies. O sin cabeza. Sin algo, pero con lo otro intacto. Una experiencia eso de ver mezclados los géneros (nada nuevo si repasan algunos títulos no muy antiguos), mezclados a 007 disfrazado de cowboy y a Harrison Ford pilotando un caballo en lugar de una nave espacial. Todo muy raro. Francamente, rarito. Pero al lado de lo que se puede ver hoy día, se salva.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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