Carancho: Desastre argentino

Debe ser que como me gusta mucho el cine argentino siempre espero grandes cosas de él. Y debe ser que como me gusta mucho el cine argentino si no recibo mucho cuando veo películas, realizadas allí y por gente de allí, me irrito facilmente. Aunque en el caso de Carancho tengo razones suficientes para estar enojado me guste mucho o poco el cine argentino. Si no sintiera debilidad por ese tipo de películas estaría igual de decepcionado.
Carancho es una película muy gris. En todos los sentidos. Lo que cuenta es gris (esto no es malo), la iluminación y el revelado hacen que todo lo parezca (esto no es malo), y el resultado es muy gris en su conjunto (esto es malo puesto que la traducción podría ser que la película es mediocre, por ejemplo).
¿Dónde está el problema? Por un lado el guión es muy justito. Parece mentira porque es una de las cosas que mejor trabajan allí. Este, el de Carancho, da muchas cosas por sabidas. Y eso, como siempre pasa, provoca que el espectador no entienda bien lo que pasa porque no entiende a los personajes. Se quedan a medio dibujar, carecen de pasado y de justificación en la narración. Todo es irrelevante, ellos son irrelevantes. Sus motivaciones están siempre agarradas por los pelos. En definitiva, no hay personajes. Además, es un guión que va desde la lentitud absurda a unas prisas por resolver el asunto que no tiene justificación. Un ritmo tan desigual es muy difícil de digerir por parte del espectador.
Por otro lado, la falta de química entre Ricardo Darín (parece aburrido y, desde luego, está muy mal dirigido en su trabajo) y Martina Gusman, es alarmante. Deberían parecer enamorados y apasionados cuando lo que aparecen es distantes, intentando resolver todo a base de besuqueos. Esto es el producto del aburrimiento de uno y de la apatía de la otra. Desde luego, el casting lo debieron realizar una mañana de resaca o estuvo condicionado por el capricho de alguien.
Pablo Trapero, que es el director y guionista (junto a otros tres), no atina con el reparto, ni con el guión, ni con el montaje (también interviene de forma directa). A pesar de lo simple de la trama, a veces, la secuencias paecen no venir a cuento y sacan al espectador que necesita otro esfuerzo más para intentar tragarse la película.
Pero el auténtico desastre viene por otro lado. La película es previsible de principio a fin. Absolutamente previsible. Es decir, se convierte en una castaña desde el minuto dos. Más o menos. Además (y esto si que es lamentable) la película carece de cualquier fondo temático o ideológico. El tema es nada. Cualquier narración que carezca de tema es un desastre.
Carancho cuenta que en el mundo hay muchos malos; que si quieren ser buenas el camino de retorno es casi imposible; que los malos abusan de los buenos. Cosas así. ¿Les suena? Claro, porque Carancho es una película que cuenta lo mismo que seis millones de malas películas lo hicieron ya.
Ricardo Darín es mucho actor y, a pesar de todo (de tanto desastre), es lo mejor de la película, lo que se puede rescatar. Esto es todo lo que puedo decir a favor de Carancho.
Una gran desilusión. Un gran cabreo. Una gran castaña.
© Del Texto: Nirek Sabal


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