Inside Job: El robo del siglo o en qué consiste la condición humana

A estas alturas, el cataclismo financiero que estalló en 2008 es algo conocido por todos. Entre otras cosas, porque lo sufrimos millones y millones de seres humanos. Los más afortunados han tenido que apretarse el cinturón a base de bien. Los que menos suerte han tenido (los pobres, los trabajadores sin preparación académica, las mujeres y los jóvenes) han perdido sus casas, sus escasos ahorros y, en muchos casos, las ganas de vivir. Estamos viviendo una de las etapas más tristes de la humanidad. Lo que parecía un sueño de todos (la aldea global y esas cosas que nos vendieron los de siempre) se ha convertido en la peor pesadilla de todos los tiempos. Es un cataclismo conocido por todos, pero que casi nadie puede explicar. ¿Cómo algo de esta relevancia es imposible de colocar en su sitio? Porque nos ocultan la verdad, porque si no formas parte del entramado formas parte de la masa social (de todo el mundo) expuesta a los peligros de los codiciosos.
Inside Job es un documental de Charles Ferguson. Es una película que trata de aclarar las cosas, de señalar a los culpables, de explicar lo que ha sucedido y en manos de quién estamos. Lo hace desde el enfado monumental de su director, productor y guionista. Con un montaje magnífico deja en evidencia a muchos de los que se han enriquecido haciendo que el 95% de las personas sean más pobres, tengan un futuro más incierto y muchas menos posibilidades de acceder a los estudios universitarios. Entre balbuceos, algunos de los entrevistados no atinan a dar respuesta; otros, desde la arrogancia, niegan la mayor; y todos siguen ganando cantidades insultantes de dinero. No han tenido la decencia de tirarse por la ventana o pedir perdón.
Ferguson divide el documental en varios capítulos que se centran en diferentes fases de la gran crisis. Busca el porqué e indaga en la situación actual para prevenir y dibujar el futuro. Los presidentes norteamericanos aparecen como títeres del poder financiero (incluido Obama); los políticos europeos como personajes que no pintan nada de nada; los ejecutivos como tiburones sin escrúpulos que han dejado el mundo patas arriba sin tener que pasar por un tribunal; y el resto de la población mundial como piezas en un tablero que manejan unos pocos a los que no podremos quitar del sitio jamás si la cosa sigue como hasta ahora.
Con una fotografía cuidadísima, Ferguson logra un equilibrio magnífico entre la imagen y la narración. Intercala imágenes de archivo, con las de las entrevistas que va realizando, con gráficos y con tomas de su cosecha que son, francamente, buenas. A veces, es verdad, la explicación es algo compleja puesto que se trata de desenmarañar el mundo financiero. Y esto puede causar cierto rechazo en un tipo de espectador poco preparado o desinteresado. Pero, en general, el ritmo narrativo es impecable. A medida que se acelera el enfado del espectador aumenta. Si baja la intensidad, la depresión aparece en ese mismo espectador.
Magnífico, apabullante, claro y sin concesiones de ningún tipo a nada ni nadie. Un documental que todo ser humano debería ver.
© Del Texto: Nirek Sabal


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