Territorio prohibido: Una castaña rodeada de falso ingenio

Crossing Over (Territorio prohibido) es una película que intenta contar muchas cosas. Como excusa para hacerlo utiliza un tema central de fondo: la inmigración en los Estados Unidos. Y, por supuesto, el resultado es un desastre. Porque da la casualidad de que es al contrario, justo al revés. El tema nunca puede ser una excusa o un vehículo.
Crossing Over es una película coral en la que el guionista y director, Wayne Kramer, intenta trenzar un importante número de tramas y sólo logra quedarse al nivel de lo anecdótico de todas ellas. Une las cosas de forma forzada y artificial, deja enunciados los problemas y, cuando presenta alguna solución a modo de desenlace, lo hace deprisa y corriendo. El resultado, insisto, es un desastre.
Crossing Over está muy cerca del estilo narrativo de Crash, algo más alejada de Babel, y salpicada de las mismas trampas, de las mismas carencias y de las mismas ventajas. Si Crash, a pesar de lo mucho y bueno que se dijo de esa película, era ventajista, esta lo es mucho más y lo es de forma más tosca. Si el espectador rasca un poco, procurando entender, se encuentra con poco o nada. Pensar sobre lo que nos cuentan significa que la estructura narrativa se viene abajo con una facilidad pasmosa. Es algo parecido a encontrarse con una bonita casa sin cimientos ni muros de carga. Un tabique aquí, un jarrón allá y un soplido que lo derrumba todo. Los tabiques serían el fanatismo ideológico, las costumbres incomprensibles e inadmisibles para pueblos extraños, el intento del ser humano que le hace progresar, los abusos de los que tienen un sello en la mano y pueden firmar un expediente, el precio de las personas, las carencias ideológicas que sufren los jóvenes entre la incomprensión social, los movimientos solidarios entre gentes de la misma raza. Mucho jarrón y poco cimiento. Porque esos cimientos deberían ser los conflictos de los personajes, su evolución, la profundidad de las ideas a través de los diálogos. Y esos no están. Ni rastro de ellos. Y, por ello, la película se convierte en una especie de telediario en el que aparecen famosos. En realidad, lo que nos presentan es ese largo listado de cuestiones a modo de inventario.
Cada personaje se mueve en un escenario distinto en el que se desarrolla una trama que parece, en principio, independiente. ¿Cómo termina siendo una sola cosa tanta historieta suelta? Pues porque dos de esos personajes que andaban a lo suyo se encuentran en un mismo lugar. Por ejemplo, en una tienda en la que se va a cometer un robo. Voilà. Ni más ni menos. Para el que no quiere pensar sobre lo que ve, esto puede parecer una cosa muy curiosa o una muestra de ingenio asombroso. Pero no, esto es una chapuza. Incluso un recurso como el azar debe estar perfectamente justificado dentro de una estructura narrativa.
Los personajes se quedan sin profundidad, apenas conocemos nada de ellos, sólo lo que les sucede en un momento concreto. Por eso no entendemos las razones por las que hacen esto o aquello. No sabemos y, lo peor, no nos importa en absoluto.
Territorio Prohibido es una película realizada pensando en el espectador. Tan sólo en el espectador. Y eso tampoco puede ser. Hay que saber que está, pero no se puede hacer cine de cara a la galería. De ese afán por gustar a todos llegan guiones insultantes, actuaciones forzadas y aburridas, o un montaje tramposo que sorprenderá por su magia (¿?) al unir piezas de un puzzle en el que no hay una sola que encaje salvo a martillazos.
Harrison Ford (hace de policía lleno de humanidad) se aburre y aburre a los demás. Ray Liotta parece que pasaba por allí y se quedó porque no tenía cosas mejores que hacer. El resto rozan la mediocridad y la falta de credibilidad, quizás más por la falta de personaje que por su propio trabajo.
Ya hay que decirlo con claridad: esta película es una castaña pilonga que juega a ser profunda y emotiva, a ser el gran cofre filosófico del siglo XXI, a ser una muestra de fotografía perfecta y a ser la inteligencia hecha realidad. Pero es superficial, las ideas que plantea son propias de enseñanza primaria, técnicamente es muy normalita y su desarrollo es previsible, previsible hasta la extenuación (la del espectador, claro).
Ahora, si quieren, pueden verla. Yo les he avisado.
© Del Texto: Nirek Sabal


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