El talento de Mr. Ripley: La fortuna de Highsmith

Patricia Highsmith no tuvo la desgracia de Stephen King de ver destrozados todos sus libros en una sala de cine. En el caso de Patricia Highsmith, adaptaciones cinematográficas como Extraños en un tren o El talento de Mr. Ripley se encuentran a la altura de sus novelas beneficiándose con todas las ventajas del lenguaje cinematográfico sin dejar de respetar las intenciones del autor.
Esta novela, según mi opinión, es tratada, incluso multiplicada, de forma exquisita por los recursos fílmicos, mostrándonos a un Ripley enamorado, únicamente, de un estilo de vida que no es el suyo, cegado por un jazz y un país y unos apellidos y una cuenta millonaria en el banco que nunca ha tenido la suerte de disfrutar.
El talento que cada uno de nosotros tiene guardado y que sale a la luz cuando se trata a toda costa de sobrevivir, se trata en este caso de una serie de inteligentes peripecias que empieza con una americana prestada, varios asesinatos y el robo de un nombre y de toda una identidad, y termina en un barco, dónde el asesino usurpador huye de ese nombre, ese país, ese jazz y ese mundo-trampa fascinante como en un viaje desesperado hacia él mismo y hacia una identidad ya perdida.
Una serie de golpes de suerte junto con la astucia de un hombre obcecado por una personalidad, logran salvarlo de la cárcel condenándolo a una cadena perpetua inevitable: la inútil necesidad de borrarlo todo y empezar desde el principio.
Con esta terrible carga acaba Ripley en un barco de camino a su vida, una vida ya inexistente por su tendencia al coleccionismo de pasaportes, y por un incurable complejo de don nadie que no desaparece jamás, por muchas sesiones de jazz que uno esté dispuesto a escuchar.
Por otra parte, el cinismo y la frivolidad de ese, según Ripley, envidiable personaje llamado Dickie, que, salvo algún amago de sensibilidad en alguna secuencia, no muestra más que un universo infantil, caprichoso y dependiente de unas condiciones económicas millonarias e ilimitadas, no podría llevarle a Ripley a ningún fin afortunado. Y es que el ejemplo a imitar no podía ser más nefasto.
Todo el entorno de Dickie está infectado por el dinero, la pereza mental y sentimental y la diversión como únicos objetivos de la vida, siendo Margue el único personaje que muestra algo de sensatez y coherencia dentro del grupo.
My funny Valentine, el mar mediterráneo, los paseos en vespa o en velero, las cubanas blancas y los sombreros panamá me parecen encantadores como complementos a una vida mucho más rica en otros aspectos, pero a secas me parece de un tedio infinito y de una irrealidad caótica demasiado chocante para mi sistema nervioso. Por otro lado, el poco o mucho talento con el que cuento procuro diversificarlo en las máximas cosas posibles, sin concentraciones. De esa manera evito las urgentes fugas en barco hacia ninguna parte y navego millonaria de tranquilidad y sin necesidad de borrar ni un solo segundo de mi existencia. Y todo ello sin un céntimo en mi bolsillo.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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