Kung Fu Panda 2: La exactitud de lo hecho

Cuando entro en una sala de cine espero encontrarme con algo nuevo. Incluso si lo que voy a ver es una secuela de algo visto.Ya puede ser cine de adultos o de niños.
Tengo cuatro hijos. Dos de ellos son muy pequeños todavía. Así que aprovecho para ver películas infantiles (que no tendría en la agenda nunca jamás) cuando me piden ir al cine. Como ya son diecisiete años los que llevo entrando en las salas de proyección agarrando la mano de un niño (los sábados o domingos por la tarde) soy de los que puedo decir que he visto todo lo que se puede llegar a ver en el ámbito del cine para los pequeños.
Los compromisos de mi esposa nos obligaron a adelantar algo la hora. Sesión de las 15.30. Además de nosotros tres, un matrimonio con su niña. Las dos niñas, la mía y la de ellos, terminaron dormidas. Pero no creo que fuera cosa provocada por la película sino por la edad. Muy pequeñas. Por tanto, en la sala 15, cuatro espectadores activos. No es de extrañar, cuando entrar en el cine me costó 23,50 €. Si hubiera sido la proyección en 3D la cosa hubiera sido mucho peor. 31,50 €. Definitivamente, comprar la copia en formato casero es mucho más rentable. Tardas algo más en ver las cosas, pero si haces números la cosa no tiene color. Alguien debería plantearse esto seriamente. De las palomitas y el agua no hablaré porque me pongo enfermo al pensarlo. Por cierto, el tipo que nos vendió las palomitas tuvo que venir corriendo desde otra barra (la cafetería) y, de paso, nos cortó las entradas y nos indicó la sala. Francamente, tremendo. Hoy en día, lo bueno es lo rentable. Sólo lo rentable. ¿Deberíamos dedicarnos a traficar con armas o con drogas? Eso es muy rentable. ¿Volverá ese tiempo en que lo bueno era bueno sin convertirse en un porcentaje de dinero que se queda en caja?
Kung Fu Panda 2. Entretenida. Repetición, casi un calco, de la primera parte. Cambian un tigre por un pavo real, añaden un ejército de lobos tenebrosos y ya está. La película no aporta nada nuevo a lo que ya teníamos. Pero para un niño es entretenida. Además, ya saben, zonas lacrimógenas aquí y allí. Para un adulto, sin duda, decepcionante. Otra vez lo mismo. Rentabilidad aprovechando una primera parte muy divertida.
Terminamos sabiendo de dónde procede el oso panda gordinflón. Esa es la única novedad. La película es repetición y, por tanto, previsible a más no poder. Que en las películas infantiles el final feliz esté garantizado no es excusa para dejar la imaginación a un lado y hacer siempre lo mismo. Se puede llegar a a la felicidad de muchas formas distintas.
Técnicamente, no encontramos nada que puede reseñarse como mínimamente importante.
Un número excesivo de peleas entre los personajes intenta ganar un terreno al ritmo narrativo que no encuentra en ningún momento. Y termina siendo algo aburrido el asunto cuando uno sabe que la cosa va a terminar de un modo concreto.
En fin, una secuela que desmerece por completo el trabajo inicial y de la que podríamos prescindir por completo. Pero, seguramente, es muy rentable. Y eso es lo importante. Al menos para algunos.
© Del Texto: Nirek Sabal


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