Tres reyes: De la esperanza a la majadería

Yo no sé qué es lo que pasa con algunos guionistas. Son un ejército los que trazan una buena trama, construyen diálogos más que aceptables y, llegado el momento, deciden que todo sea previsible, patriótico hasta la idiotez, que algunos de los personajes se descompongan en su bondad y los villanos, además de malos, queden convertidos en seres medio gilipollas.
Son poco los guionistas que se libran de esto ya que quieren trabajar. Y las reglas del cine actual son las que son. Pero no me explico la razón por la que el aspecto comercial se hace incompatible con las bondades de lo que el cine es y representa. Me parece una estupidez extraordinaria. De verdad. Todo debería caber, todo debería tener su propio espacio sin robar un milímetro del de lo demás. ¿No puede una película funcionar bien en taquilla sin llenarse de majaderías o convertirse en algo absurdo? Pues claro que sí.
Tres reyes es una película dirigida por David O. Russell y escrita por John Ridley. Se rodó en 1999 y podría haber sido una maravillosa muestra de buen cine. Pero, por supuesto, al igual que en la película ganan los buenos, en el proceso de creación ganan los dólares.
El guión va de más a menos, de mucho a casi nada, de lo inteligente a lo más ramplón y tosco. La evolución de los personajes es pequeña, corta e inverosímil. Casi tonta. En realidad, desde la mitad de la película en adelante, no pasa nada. Bueno, vuelan vehículos por los aires, caen aparatos desde el aire y llegan soldados volando por el aire en aparatos que no se caen. Mucho arroz para tan poco pollo. Una pena, porque las expectativas que se abren al comienzo son muchas y buenas.
La cosa va de cuatro soldados que se quieren apoderar de una millonada de dólares en forma de lingotes de oro. Son los que el ejército iraní sacó de Kuwait durante la invasión que derivó en una guerra corta y televisada. Para conseguir el botín se deben adentrar en territorio enemigo (la guerra ha concluido, pero el territorio iraní siempre es el del enemigo). Por supuesto, todo se convierte en lo que no debería ser. Pero (tranquilo todo el mundo) como los buenos son muy buenos y los malos lo peor de lo peor, la cosa se resuelve.
George Clooney, Mark Wahlberg, Ice Cube y Spike Jonze son los protagonistas. Entre tanta explosión, quedan medio escondidos. Cualquier actor de segunda fila hubiera defendido el papel sin problemas. La fotografía no está mal. La música tiene su gracia. El montaje está muy bien. Se introducen elementos (novedosos en el momento en que se rodó la película) que procuran cierta fragmentación en la narración buscando poder narrar pasados con una sola imagen o buscando explicaciones a lo que sucede sin recurrir a diálogos largos y aburridos.
Es verdad que la película es muy divertida. Algo exagerada en su medida (media hora le sobra como mínimo). Pero deja de serlo (divertida) si el espectador piensa sobre lo que le están endilgando.
Algunas de las escenas son muy violentas. Así que los niños lejos.
Por cierto, qué bonitos deben ser los lingotes de oro.
© Del texto: Nirek Sabal


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