Gritos y susurros: Vida y muerte en rojo

Cuatro mujeres vestidas de blanco en una habitación roja. Esta es la escena que le obsesionaba a Bergman y que le persiguió durante un año. La misma que podría resumir esta película: tres mujeres que esperan a que muera la cuarta se turnan para velarla.
Esta película roja, inspirada en las pinturas de Leonor Fini y las novelas de Agnes von Krusenstjerna, fue rodada en el otoño de 1.971 en los extraordinarios parajes del castillo de Taxinge, en Mariefred. Su título se debe a la reseña de un cuarteto de Mozart que hizo un crítico musical y sus planos son auténticos cuadros perfectamente cuidados y ensayados.
La obsesión por la muerte y los excesivos seres humanos que viven dentro de Ingmar Bergman surgen de nuevo en la historia de una mujer con miedo y grandes fuerzas anímicas que se rebela desgarradoramente contra la muerte y que se deja querer por la sirvienta mientras sus hermanas están absortas en una maraña de mentiras sentimentales. Una, castigándose con trozos de cristal en su vagina, profundamente herida y muerta de hastío, y la otra, pasándose las horas frente al espejo, víctima de una obsesión por su propia belleza y por la incomparable perfección de su cuerpo.
La muerte es tratada en su fealdad en un escenario excesivamente bello, sin sentimentalismos y con el tono adecuado. Con la frialdad característica del cine de Bergman y en un ambiente perfecto. La muerte se cala por las ventanas, se huele en los jardines, se escucha en los relojes…
La moribunda suplica ayuda desde la cama en todo momento, sin embargo, ya estaba muerta al comienzo de la película. Sus hermanas, inmóviles y horrorizadas por los lamentos de la muerta, también parecen ser espectros dentro del castillo rojo. El silencio y la incomunicación invaden esta película como un humo espeso que Bergman define como un poema:
Una persona muere, pero se queda detenida a mitad de camino, como en una pesadilla, y pide ternura, piedad, liberación, cualquier cosa. Hay allí otras dos personas y sus acciones y pensamientos están en relación con la muerta, no-muerta, muerta. La tercera la redime acunándola hasta darle sosiego, acompañándola en su camino.
Creo que este es el poema o la invención o como se quiera llamar. Esto exige rigor y escucha. Esto exige que no lo haga demasiado a la ligera, pero que tampoco me quede agarrotado. Todas mis películas se pueden pensar en blanco y negro excepto Gritos y susurros (Ingmar Bergman).
© Del Texto: Sonia Hirsch


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