Father and daughter: Poesía visual verdadera

Este es el bonito cortometraje que le regalé hace ya años a mi amigo W, un misterioso chico del que no supe su nombre hasta años después de conocerle y con el que mantuve una extraordinaria amistad, más espiritual que física, el otoño de 2.006 en que nos encontramos en estado lost in translation por las avenidas de una gran ciudad.
La indescifrable trama existencial que mi amigo W me trataba de dar a entender cada tarde mientras yo lo escuchaba en pijama y reclinada en la pared, la guardé en secreto durante todos estos años. Esta es la forma más discreta y metafórica que encontré para revelarlo:
Father and daugther es la historia de un padre que se marcha y una hija que lo espera toda su vida. A lo ancho del río, el padre navega hacia una orilla dejando a su hija a la espera en la otra. Cuando anochece, la hija, cansada de esperar, recoge su bicicleta y se marcha camino a casa.
Al amanecer, la niña vuelve con su bicicleta a la orilla, pero al no encontrar rastro del padre, vuelve de nuevo a casa.
Todos los amaneceres de todos los días, semanas, meses, estaciones y años, la niña, adolescente, mujer, y anciana al fin, acude en una bicicleta cada vez más gastada a la orilla del río dónde espera reencontrarse con el padre. Incansable, contra tempestades en invierno, tórridos veranos y pendientes insufribles, el esqueleto de la anciana hija arrastra la bicicleta hasta la orilla, la estaciona a un lado del camino y, decide, como un último intento y sin nada ya que perder, cruzar ella misma el río. Un río ahora seco y arenoso en dónde encuentra la embarcación del padre hundida en arena. La hija se recuesta, abatida, sobre la barca, hasta abrir los ojos y divisar al padre a lo lejos. Los dos se abrazan por fin, juntos, al otro lado del río.
Junto al merecidísimo oscar a Michael Dudok de Wit y los acordeones de The Danuve Waves, yo destacaría, y agradezco de verdad, la falta de efectos 3D, la verdadera estética de poesía visual de la que pocos realizadores logran convencerme y el esperanzador mensaje de alivio que dejan sus imágenes finales. Imágenes que yo regalé a W para que recordase justo unos segundos antes de rendirse, para que ni pendientes ni tempestades fueran obstáculo en su camino hacia la orilla. Porque, al fin y al cabo, vivimos sosteniéndonos en vilo a nosotros mismos, llevando el peso de un número limitado de huracanes, tifones y tramas indescifrables por entre las esquinas del mundo. Y de nada sirve preguntarse si es triste o feliz nuestra existencia. Sea lo uno o lo otro, todo se basa en el incesante empeño de llegar hasta el final, cuando la precisa búsqueda se calma con el preciso hallazgo.
© Del Texto: Sonia Hirsch
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