Historia de O: Inundación erótico-velada

Material inadecuado para algunos usuarios, dice youtube de esta película cuando intento buscar algún pedazo de ella. Parece que la violencia y el mal gusto están mejor vistos que la naturalidad sexual en 1.975. Yo confieso que Internet no me interesa especialmente, y que, por suerte, cuento con una videoteca y biblioteca que me basta hasta, algunas noches, desbordarme.
Historia de O es una de esas noches de inundación erótico-velada, explosivo-fija, mágico-circunstancial. Un cataclismo sentimental que recomiendo en todos los casos y todas las tendencias sexuales sean las circunstancias que sean.
O no es más que la inicial de una mujer que decide adiestrarse en las prácticas sadomasoquistas guiada por su amante René, aparentemente por amor, pero que a mí me suenan a excusas del 75. Sometida a todos los caprichos y mandatos de su amante, O experimenta todos los ejercicios del Marqués de Sade, desde ser amordazada, golpeada violentamente y denigrada dentro de un alo de misterio y depravación que va in crescendo cuando, por órdenes de su amante, comienza una relación de dominación-sumisión con Sir Stephen, que la instruye en el lesbianismo y el sometimiento a otras mujeres, intercambiándose los roles entre ellas mismas.
O, que acaba rindiéndose definitivamente al BDSM, y despreciando a su primer amante, René, acaba seduciendo a su propietario, Sir Stephen, hasta conseguir someterlo apagando su cigarrillo en la mano de éste.
En este tipo de relaciones sexuales, eliminadas del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, dónde el estar arriba o abajo no tiene importancia porque, durante un buen rato, no se sabe muy bien dónde se está, es importante, desde mi punto de vista, delimitar muy bien la línea de lo personalmente nocivo. Con personalmente nocivo, que marco claramente en cursiva, quiero decir que cada uno de nosotros tiene una frontera personal, sentimental, y, en este caso, sexual, que no debería de violar nunca.
Seguramente, mi vecina C, con sólo la mitad de las prácticas sexuales de O hubiese acabado de enferma crónica en cualquier pabellón psiquiátrico. Pero si mi vecina C se inyecta una noche una buena ración de alucinógenos y disfruta practicando el BDSM durante esa madrugada, puede que lo que a mi vecina C le ocurra es que esté infectada de ese microbio fastidioso vulgarmente llamado Prejuicio que brota siempre al amanecer, a la hora de la ducha, cuando ya es tarde para flagelaciones y sólo queda un listín telefónico para buscar el psicoanalista más cercano.
Todo es saludable y conveniente cuando uno disfruta de ello sin alucinógenos, freudismos ni entaponamientos.
En lo aberrante encontramos deleite y placer en lo más detestable. Cada día descendemos un paso al infierno, sin horror, entre tinieblas que apestan (Charles Baudelaire).
© Del Texto: Sonia Hirsch


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