Star Wars: El imperio contraataca

Tras la destrucción de la Estrella de la Muerte, Luke y sus amigos se ven obligados a huir incansablemente de la persecución por parte de las hordas imperiales; en su periplo se encontrará con muchísimos problemas; empezará su entrenamiento Jedi a manos de Yoda; y será testigo de una gran verdad que se le tenía oculta hasta ahora. No hace falta decir que todo lo que diga aquí, ya estará escrito en miles de sitios web, libros, conferencias y más, hasta la saciedad.
Lo más importante es saber por qué es la más importante de toda la saga. Dicho de otro modo, el viaje iniciático de Luke que tanto éxito tuvo en su principio empieza a naufragar en esta secuela, una época oscura de la que muchos podríamos hablar y haber vivido, esa época en la que todo es pura inestabilidad. Por eso, no es de extrañar que se usen elementos para enfatizar esa inconsistencia, ese vacío que todos los personajes del film viven. Un planeta que es un desierto helado (Hoth), un campo de meteoritos que va y viene, un planeta (Dagobah) que es una ciénaga gigantesca con una espesa niebla y con monstruos de variada índole, una ciudad en las nubes sustentada por una columna fínisima, el Halcón Milenario falla, los personajes están irascibles, todo se estropea y sale mal, y así un largo etcétera de elementos fríos, un vaivén de claros-oscuros donde Luke y el resto de personajes se encontrarán a sí mismos.

Nuestro aprendiz de Jedi, como cualquier otro joven será instruido en el arte de la espada y el poder de la Fuerza por un nuevo maestro, Yoda. Allí descubrirá en compañía de este nuevo amigo que no todo es lo que parece ni cómo se lo han contado, empezará a ver el mundo de otra forma, a sembrar una cierta madurez, a entender qué es lo importante: si él y su egoísmo, o su amistad con Han, Leia, RD-D2, C-3PO y Chewbacca. Y también descubrirá, que todo hijo no es más que un reflejo de su padre, como se detalla en la magnífica e importante paradoja que es la escena donde Luke se enfrenta al espejismo de Vader, el chico le corta la cabeza y descubre que es él mismo. Todo para sembrarnos esa gran verdad que traspasó las pantallas de medio mundo allá por el año 1980, donde Darth Vader le revelaba a Luke: Yo soy tu padre.
Es una historia donde lo que prima es esa desilusión y desencanto cuando te enfrentas con la realidad, cuando descubres que la verdad que a uno le habían contado no era la verdad, o era la verdad, pero a medias. ¿Quién no puede haberse sentido traicionado cuando lo que uno tenía idealizado descubre que no es tal?
En otro orden de cosas, el equipo técnico del film es totalmente modificado y George Lucas queda relegado a labores producción y supervisión, eso sí, a día de hoy, y sin que me tiemble el pulso, voy a decir que gracias a la dirección de Irvin Keshner, y el guión del buen Lawrence Kasdan se llevó a buen puerto esta space ópera. Solo hay que ver las películas que ha dirigido/escrito en solitario el tio Lucas para darse cuenta de ello (sí, las últimas tres de esta saga, donde su ego masturbatorio ha llegado a cotas altísimas, y poco más). Técnicamente, ahora para muchos no será gran cosa, pero un servidor se sigue maravillando con todos los elementos en pantalla; sabes que los personajes están ahí, que hay decorados reales y construidos por expertos en escenografía, y no todo se reduce a meterlos en un chroma a hacer piruetas. Hay una historia, y los efectos se ponen a su disposición (no al contrario, como pasa mucho ahora), la música de John Williams es una jodida maravilla de principio a fin.
En definitiva, hay muchísimo por hablar de esta película, pero siempre nos quedarán grandes escenas como la de Yoda levantando con su poder el X-Wing hundido de Luke; la pelea final entre Darth Vader y Luke al borde del abismo; los sarcasmos de Han y Leia; la congelación en carbonita de Han Solo; el gusano del meteorito; los AT-AT invadiendo Hoth…
Es un maldito clásico (muchos de esos que van de intelectuales ya quisieran haber hecho lo mismo), guste o no, las aventuras, como la ciencia ficción o el terror, siempre hablan de nuestra realidad, no todo se reduce a un mero pasillo de esperpentos y situaciones variadas sin ton ni son. Es un prejuicio tan estúpido y tan tópico como que los Western son solo películas de indios y vaqueros o que la animación es tan sólo cosas de niños. Todo depende de nuestra capacidad de percepción para ver más allá de lo que se nos pone en una pantalla plana.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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