El ascensor: Antiguo terror, terror de siempre

En 1.983, Dick Maas escribió un guión, compuso música para acompañarlo y rodó una película con todo el material.
Es una película que no ha envejecido bien del todo. La estética se quedó anticuada hace ya algunos años; la música (mezclas electrónicas a base de sintetizadores) lo mismo;  la idea se vio superada a los diez minutos gracias a los formidables avances informáticos; el vestuario y la peluquería quedan muy lejos de cualquier tiempo conocido; y la puesta en escena se ha quedado reducida a lo que prodíamos llamar cine de serie k.
Sin embargo, el espectador está obligado a entender que estas cosas ocurren con mucha frecuencia y que, dependiendo de lo que se ve, ha de cambiar la forma de entender las cosas. Dicho de otra forma, todo lo que apuntaba antes es relativamente importante. Sólo relativamente.
La idea de Dick Maas es aterradora, agotadora y preocupante. El ascensor es un lugar que causa cierto temor a muchos. Pero, además, todo lo que sucede dentro de uno de ellos huele a tragedia si algo va mal. Si añadimos accidentes horribles e inexplicables que tienen que ver con la cabina y misterio alrededor de los objetos y los personajes, el asunto se pone más que interesante. Una vuelta de tuerca más la podemos dar al introducir niños y personas ciegas o a un personaje que enloqueció por algo relacionado con el ascensor. Y eso lo sabía bien el señor Maas.
No se trata de un gran guión. Alguien que entienda mínimamente de esto verá los trucos narrativos con facilidad. Tampoco cuenta nada del otro mundo. Todo es, más bien, superficial. La fotografía es mediocre. Las interpretaciones de Huub Stapel, Willeke Van Ammelrooy y Josine Van Dalsum, rozan lo histriónico. Pero, sin embargo, la película se deja ver. Parece mentira, pero es así. Resulta intrigante, entretenida y el rato que dura la proyección pasa con rapidez.
Muertes violentas, situaciones cómicas, momentos completamente ridículos, una pizca de sexo, conflictos internos y externos de los personajes (que unas veces cuelan y otras no). En fin, una película más. Una película que se deja ver y poco más. Eso sí, los amantes del cine de terror encontrarán en ella una mina. Porque se pueden criticar muchas cosas, pero la vocación del director es clara y hace lo que quiere hacer.
Intenten pasar el rato con ella. Excepto los que tengan problemas con los ascensores, claro. No volverían a subir o bajar en uno de ellos.
Niños no. Se ven escenas duras y poco apropiadas.
Ya me contarán.
© Del Texto: Nirek Sabal


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