Hellraiser: Relaciones sadomasoquistas

No hace falta decir que Hellraiser de Clive Barker fue una de esas obras que, tras casi 25 años, ha seguido cosechando éxito, ya sea por su estética única, su argumento más que paradójico, o por todo el merchandising generado a raíz de ello.
La historia se inicia en un café donde un hombre le vende a otro, un tipo llamado Frank, una misteriosa y enigmática caja. En cuanto Frank llega a su piso, empieza a manejar dicho objeto, rotarla como si de un cubo de Rubik se tratara, desencadenando la apertura a un mundo subyacente, a otra dimensión, a un lugar que dominan los Cenobitas, unos seres de ultratumba y completamente deformes, engendros con estética y valores sadomasoquistas. Estos, en su afán por poseer toda alma que abre su mundo, se llevan el cuerpo de Frank de la manera más sangrienta posible, mediante unos ganchos que salen del infinito y traspasan su carne hasta convertirlo en simple carnaza. Tiempo después, a la casa abandonada que dejó Frank, llega su hermano Larry (Andrew Robinson, muchos lo reconoceréis como el Sr. Scorpio del film Harry el sucio) con su pareja Julia y su inocente hija Kirsty. En plena mudanza, Larry se hace daño en la mano con un clavo, provocando un derramamiento de sangre en la misma habitación donde su hermano fue absorbido por los entes del más allá, lo que hará traer de vuelta a Frank desde el inframundo, eludiendo la justicia divina de los Cenobitas. Obviamente, faltan detalles como que en un principio Larry, Julia y Kirsty son la aparente y típica familia feliz que pretenden tener un nuevo futuro. Pero con el desencadenante que provoca Larry y su sangre, Julia se verá arrastrada a revivir fantasmas de su pasado, esto es (y por casualidades del destino), sus deslices con Frank. Todo ello hará que los Cenobitas vayan detrás de Frank, que Julia se someta a éste y se deje manipular como ya hacía en sus encuentros con él, y que Kirsty acabe harta de todo y de todos.

Es interesante ver cómo a través de una propuesta tan, aparentemente, estrafalaria, se puede hacer apología del feminismo más puro y duro. Datos a tener en cuenta antes de llegar a tal conclusión: Tenemos una mujer casada (Julia) con un panoli de poca personalidad aunque inofensivo (Larry), que vivió mucho antes deslices con el hermano de éste, Frank, un tipo violento, manipulador, machista, mentiroso y todo tipo de apelativos insultantes que se me puedan ocurrir, un hijoputa como dirían muchos. Y en medio de todos, esta Kirsty, una niña a punto de convertirse en toda una mujer que tendrá que dejar todo eso atrás. Es curioso comprobar que la historia siempre se repite, ya sea hace 20 años o ahora, Clive Barker nos muestra a unos personajes faltos de futuro, traumatizados por su pasado, acomplejados, donde las relaciones sentimentales no dejan de pasar factura a cada paso que se da. Critica, a través de una sátira que podríamos calificar como gore, lo que llegan a ser ciertas relaciones de pareja, es decir, como un acto sadomasoquista. Esto es, mujer conoce a un tipo decidido, dominante y violento, ella se somete a sus deseos, convirtiéndose en una mera muñeca sin alma, en un momento dado ella llega a tener voluntad para terminar todo aquello. Lo peor viene después, que es donde se genera ese síndrome de dependencia que la mayoría conocemos, que es cuando uno puede escuchar frases tan absurdas y esquizoides como cuando estoy sola lo echo de menos, y cuando está acompañada de su hombre (nótese mi sarcasmo a este prototipo de tíos), es un cabrón sin sentimientos. Y así se sucede un ir y venir, donde se sufre, se llora, se cree ser feliz, se cree ser lo peor, pero en realidad lo que sé, y lo que sabe Clive Barker, es que es un acto de completo y estúpido sadomasoquismo. El personaje de Julia son todas estas ataduras psicológicas y sádicas. El personaje de Kirsty es todo lo contrario, buscará su propio yo en el mundo, la libertad y su lucha por derrumbar toda esa ambigüedad.

Para llegar a tal apología del feminismo, Clive Barker utiliza el personaje de Kirsty como el eje principal de su narración, donde dicho personaje pasará de depender de sus padres, a desvincularse de todo aquel mal que éstos han generado. En resumidas cuentas, lo que se dice en el film es que para romper con todo el círculo vicioso que nos joderá de por vida, ya sea físicamente y lo más importante, psicológicamente, hay que hacerlo de manera agresiva, radical, cortante. Empezar desde cero, sin vinculaciones de ningún tipo, sin nada de lo que depender, NADA. Sólo así, y de manera utópica, las siguientes generaciones podrían tener su propio futuro, sin ataduras ni vínculos familiares, porque la familia es el origen de lo que nos hace como somos. Y el hecho de que sea una mujer el que lo haga, ya dice mucho de los tiempos que vivimos, aunque no se quieran ver, y el realizador nos lo muestra desde una visión tan personal como también lo podría ser Bertolucci con El último tango en París.
En otro orden de cosas, el apartado técnico es discreto, una película relativamente barata y modesta que costó un millón de dólares de la época y ha generado más de 20, gracias a su ambientación, bastante conseguida, y sobretodo por la estética medio punk, medio sado que tanto se valoraba y estaba de moda en la década de los 80. Un uso de la música bastante adecuado a cada momento y lo suficientemente destacable por parte del  compositor Christopher Young, un autor acostumbrado a este tipo de productos y a peliculas de serie b, así como una realización notable a pesar de ser la primera película de este polifacético director, Clive Barker (también escritor, filósofo y dibujante, con mundo propio y toque característico; incluso videojuegos llevan su sello), logran completar un film que se convirtió en todo un icono de los 80.
Asi que, dejad de ser masoquistas, y desvincularos de aquello que os hace mucho mal. Que ya es hora de un nuevo principio.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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