may 12 2011

Aliens: El Regreso

No sé qué especie es peor. Ellos no se putean por un maldito porcentaje. Esto lo dice Ellen Ripley en un momento de la película Aliens: El regreso (ya saben que escapó del horror y ahora, después de más de cincuenta años durmiendo como un angelito, es rescatada). Se refiere a uno de los tripulantes de la nave que ha llegado al planeta LV-426, el sujeto que envía la compañía junto al resto de la tripulación. Y resume uno de los asuntos centrales de la película. Tal vez soy muy generoso al hablar en plural puesto que el resto es más cosa de trama que de cualquier otro activo de la narración. En realidad, quitando algunos momentos muy concretos, la película intenta ser una suma de acciones que la conviertan en una de aventuras. Los diálogos son puramente informativos. Y es que la puesta en escena es lo que manda acompañada de un ritmo delirante que no da tregua, acompañada de aliens terroríficos, de soldados indefensos y de Newt (una niña adorable que está a punto de ser devorada en diversas ocasiones encarnada por Carrie Henn). Durante el desarrollo de la acción, siempre ocurre algo que dilata la agonía de personajes y, por supuesto, de espectadores. Con ello, James Cameron, intenta hacer creíbles las convicciones de los personajes sustentadas en cosas que ya sabíamos en Alien: El octavo pasajero o acabamos de conocer unos minutos antes. Todo ocurre con rapidez. Y todo se resuelve con la misma prisa.
Podría parecer que esto que digo se pone enfrente de la película de Cameron. Sin embargo, no es así. Es muy entretenida, muy terrorífica, mantiene al espectador pegado a la butaca en constante tensión pendiente de principio a fin. Es una película que quiere presumir más de esto que de profundidad de pensamiento. Por ello, la puesta en escena debía ser espectacular. Cameron lo logra, entre otras cosas, con colores azules muy oscuros e intensos y una iluminación bajo mínimos que hace de cada escena un momento inquietante. Los efectos especiales son los justos y los visuales magníficos. La partitura adecuada porque todo se ordena alrededor de los efectos de sonido. De hecho, la película obtuvo un óscar por los efectos visuales y otro por los de sonido de sonido. Justos premios.
Aliens: El regreso es la primera de las secuelas de Alien: El octavo pasajero. Y es magnífica si la encuadramos dentro de esas expectativas que se nutren del terror y la trama aventurera sin más. Repite Sigourney Weaver haciendo de Ellen Ripley. Francamente, las cuatro películas de la serie sin ella serían otra cosa bien distinta. Y destacan Michael Biehn, Bill Paxton y Jenette Goldstein. Es una película muy violenta. Mucho. Esta vez, no sólo los aliens se muestran hostiles. Los soldaditos reparten lo suyo a lo largo de todo el metraje. Desde luego, los niños no deberían ver algo así. Ni los miedosos porque la película pone los pelos de punta. El resto no dejen de verla. Pasarán un par de horas estupendas.
© Del Texto: Nirek Sabal


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may 12 2011

Las Ciervas: Versión del mundo en el 68

Claude Chabrol cuenta la historia de una burguesía sin ética mediante una patológica relación entre Fréderique, una lesbiana rica y caprichosa con muchas ganas de poner a prueba su superioridad y Why, una joven sumisa e inexperta con una notable impresionabilidad y sentimentalismo. Fréderique encuentra a la víctima perfecta cuando tropieza con Why pintando ciervas en las calles, y Why lleva mucho soñando con el billete de 500 francos que Fréderique arroja en el suelo sobre uno de sus dibujos.
La relación entre las dos mujeres en la ostentosa hacienda que Fréderique posee en la costa azul se desarrolla con una fingida normalidad que va tornándose cada vez más mórbida y enfermiza cuando aparece Paul Thomas, un atractivo arquitecto, ligón y sin escrúpulo alguno, que no duda en aprovecharse de las circunstancias, seduciendo primero a Why, a la que deja atolondrada y taciturna, y terminando fugándose con Fréderique a París. El afán de poder de Fréderique sobre Why, a la que utiliza y somete a su antojo, es capaz, finalmente, de obligarla a marcharse con el amante de Why con la única intención de demostrar un dominio y tiranía ilimitada sobre la joven. Por otra parte, el atractivo Paul Thomas demuestra una inmoralidad absoluta, primero tomándose a Why como sonajero, y luego vendiéndose a Fréderique por una modélica vida de lujo y grandiosidad.
Finalmente, una perturbada Why viaja a París presentándose en el apartamento de una victoriosa Fréderique a la que apuñala por la espalda, como suele ocurrir en estos casos.
Esta sería la sinopsis formal de Las ciervas. La que se contaría a la salida de un cine francés allá por el 68. Sin embargo, yo creo que cuando hablamos de una película, deberíamos hablar en el lenguaje de la película más que en nuestro propio lenguaje sobre ella. Así que si alguien me preguntase por Las ciervas a la salida de un cine francés allá por el 68, yo diría que el azul de Saint Tropez resulta un azul perfecto para este tipo de relaciones mórbidas y envenenadas que me encantan; que las perversiones de Fréderique me parecen encantadoras, que adoro la elegancia y astucia de ese tipo de personajes infames sin piedad; que me gustan sus joyas, y sus tocados, y su bañera, y su forma de decir acércate, y sus pijamas, y su chal de hilo negro en la piscina; que las novatadas de una joven Why me producen indiferencia e hipotensión; que aborrezco a Paul Thomas como aborrezco a todos los hombres mentirosos; que una puñalada en la espalda me parece siempre el final perfecto, y que, una vez, alguien me dijo que si yo fuese una palabra sería ajedrez;si fuese un libro sería Fahrenheit 451. Y, esta tarde, escuchando a un lejano Antón García Abril, diría que si yo fuese un personaje de película, no me importaría ser Fréderique, el arma envenenada.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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