Madres e hijas: Relaciones tácitas

Llevo varios días discutiendo con mi madre sin llegar a ningún acuerdo ni conclusión, solo espalda frente a espalda, alejándonos en direcciones opuestas. Creo que antes de hacer las paces entre nosotras, cada una tiene que reconciliarse consigo misma.
Sobre esta línea se construye la historia de Madres e Hijas, escrita y dirigida por Rodrigo García: un largometraje que tiene como protagonistas a varias mujeres para las que la maternidad ha sido, es o será un condicionante en su vida. Entre ellas tenemos a una demacrada Annete Bening, en el papel de Karen, que con 14 años y ante la insistencia de su madre dio en adopción a su hija, Naomi Watts, como Elizabeth, a quien la orfandad la convirtió en una abogada muy segura de sí misma, atrevida de carácter decidido, fuerte, independiente, pero sola. Además de ellas, Rodrigo García nos retrata varios perfiles de mujeres, cada una con una historia particular sobre el amor de madre.
Un mosaico de historias que se entremezclan entre sí con grandes saltos en el tiempo cuando es preciso porque no hay ni una sola imagen gratuita. Cada escena habla por sí sola y transcurre al ritmo que las madres y las hijas necesitan. Las palabras no se malgastan porque los sentimientos son tácitos.
Cada mujer de esta historia lleva una pequeña mochila a la espalda con su deseo de ser madre, o de no serlo, de ser hija o de no querer serlo. La vinculación. Una búsqueda de amor incondicional que afecta a la identidad y en la que los hombres son meros complementos circunstanciales.  Es el momento en que se acepta esa búsqueda cuando la rabia, el dolor, el arrepentimiento y la tristeza  transforman el rencor en humanidad y se abre el camino de la reconciliación. Cuando la escala de grises y negros por la dureza del principio del filme comienza a aclararse a la par que los personajes evolucionan, culminando en el rostro radiante de Karen, iluminado por el sol. Y acaba oliendo como a primavera amarga, a satisfacción y alegría resignadas. A tranquilidad, pero sin final  feliz, ni mucho menos, porque esta película es un gran reflejo de la realidad. Un drama positivo, de arriba abajo, que nos lanza preguntas sobre nuestra identidad, y quién ha tenido que ver en ella.
Por cierto que, a pesar de todo, la vi con mi madre, y dijo: Esta película puede hacer que muchas parejas se planteen tener hijos solo para arreglar sus problemas.
© Del Texto: Coletas


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