No tengas miedo: Agarrados por el estómago

Tal y como está el panorama, ir al cine se está convirtiendo en una actividad que entraña cierto riesgo. Crees que pagas una localidad en la sala de proyección para ver una película de cine y te puedes encontrar con cualquier cosa menos con eso. Hombres y mujeres haciendo muecas en lugar de actuar; tramas sin pies ni cabeza; errores narrativos que convierten en catástrofe cualquier intento de agradar o despropósitos técnicos maquillados con el 3D (parece que utilizar esa técnica permite meter la pata en todo lo demás).
Pero una de esas tardes que entras en la sala te encuentras ante una buena película de cine. Apenas das crédito a lo que ves. Desde el primer minuto lo que vas viendo te ancla a la butaca, la cámara se mueve con acierto y elegancia, los diálogos son precisos (ahora se confunde lo simple con lo preciso), los actores y las actrices disfrutan haciendo su trabajo (eso se palpa), todo fluye en la pantalla porque el punto de vista está perfectamente elegido. Estás viendo una película de las de verdad y los noventa minutos de proyección se pasan volando aunque dejan un poso inconfundible. El del buen cien, el de verdad. El que está realizado por alguien con vocación rodeado de un equipo ilusionado con lo que hace.
No tengas miedo de Montxo Armendariz es una excelente película. Entre otras cosas porque el director arriesga al máximo. No hablo de dinero o de cuestiones técnicas. Arriesga todo lo que es él. Lo que sabe y lo que no. Su forma de ver un aspecto de la realidad. Eso, cuando se trata de crear, es fundamental para que funcione el producto final. Es verdad que también arriesga al indagar un territorio extravagantemente delicado; una zona de la realidad llena de tópicos, de tabúes, de miedos y de silencios que hacen inexplicable razonar para entender. Pero esto lo salva bien Armendariz con sensibilidad y dejando lo evidente en el terreno de lo implícito. Se sabe más por lo que sugiere que por lo que muestra. Este director parece saber bien que una forma magnífica de narrar es guardar silencio, no decir para que quede por debajo de la propia narración la esencia de lo que se quiere contar. Y en ese juego de riesgo, el espectador no tiene más remedio que tomar partido. No con la película sino consigo mismo. Cuando uno entra en el cine no tiene otra obligación más que mirar y dejar que le digan. Pero las consciencias no saben de estas cosas y según van recibiendo información comienzan a girar como centrifugadoras. Ese es el gran acierto del director. Arriesga al máximo y pone a funcionar maquinarias. Nada nuevo para un narrador, pero olvidado por muchos.
El asunto que se trata en No tengas miedo es delicado. El abuso de menores por parte de sujetos que convierten a esas criaturas en personas sin rumbo, gentes con actitudes compulsivas, niños y niñas sin futuro cierto y que no saben llegar a su edad adulta aplastados por una culpa terrible. Un asunto que agarra por el estómago a todo aquel que conserve una pizca de cordura y de humanidad. Trata este asunto Armendariz apoyándose en el punto de vista de Silvia (papel que defienden varias niñas y que termina en manos de una Michelle Jenner estupenda) e intercalando testimonios de personas que sufrieron abusos (no sé si acierto al decir que esos testimonios son reales o casi; por supuesto en pantalla lo que apareen son actores) durante una terapia de grupo. Esta zona expositiva acerca la película hasta el documental para darle una credibilidad a la narración mucho más consistente. El cambio de registro se hace con solvencia, sin trompicones. La sensación de conjunto no se pierde en ningún momento.
Silvia es una niña de la que abusa su padre desde muy pequeña. El padre (Lluis Homar) parece un tipo normal, casi encantador. La madre (Belén Rueda) no quiere saber nada del asunto desde el primer momento. Silvia crece y el mundo es una tortura continua porque no hay hueco para ella. Además, nada para. Por más que haga, nada para.
La tensión narrativa se mantiene desde el principio hasta el final. La sensación de angustia se apodera del espectador sin grandes obligaciones, pero con terquedad. Para ello Armendariz mueve la cámara con acierto sin dejar de mostrar un solo detalle que aporte significado a la narración. Sobre todo en esos momentos de silencio en los que lo explícito desaparece del mapa y deja hueco a lo que merodea la acción y le da sentido. O esos planos en los que la cámara va de un personaje a otro mostrándonos lo que hay entre ambos para que sepamos el universo que les separa.
Fermín Galán en la peluquería y Carlos Hernández con el maquillaje hacen un trabajo francamente bueno. Ya veremos si se acuerdan de ellos en los próximos premios Goya.
El guión es del propio director y María Laura Gargarella. Aquí sí tengo que poner un pero. Es posible que al escribirlo, ambos tuvieran la sensación de tener que decir una serie de cosas sí o sí. Y eso se deja ver a lo largo de la película. Es decir, una persona que ha pasado por este calvario no tiene que acumular todo lo que les ha pasado a todos. Silvia, el personaje principal, acumula todo. Yo no sé si esto es así o no en la realidad. Pero sí sé que esto es ficción y las reglas son otras. Da la sensación de acumular un inventario con todo lo posible que va sumando a medida que pasan los minutos. Pero no crean que es una gran cosa. El conjunto sale más que airoso del intento.
Una excelente película. Lenta en su desarrollo aunque no exenta de un fuerte ritmo narrativo que le llega de la zona expresiva. Desde luego, el que escribe estaba deseando encontrarse sentado en la butaca de un cine para ver eso, cine. No dejen de echar un vistazo a No tengas miedo. No se arrepentirán. Seguro.
© Del Texto: Nirek Sabal


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3 Respuestas en “No tengas miedo: Agarrados por el estómago”

  • Beatriz ha escrito:

    El personaje de Silvia no acumula todo lo que le puede suceder a una persona que ha sufrido abusos. Muestra un caso medio tan solo.

  • admin ha escrito:

    Beatriz, seguro que es como usted dice. Pero el problema que se plantea es otro. Es un problema narrativo. Esa acumulación de factores se ve en la trama. Es como si fueran sumándose más por querer decirlo que por tener que decirlo. En literatura eso se denomina ingerencia. Y no es un gran problema, pero está.

  • Beatriz ha escrito:

    Bueno yo no entiendo mucho de literatura, pero siempre creí que cuando se trataba de contar una historia con realismo había que contarla tal cual era. En este caso si se quitasen esos factores muchas personas serían incapaces de entender lo que supone el abuso para la víctima, con lo cual no pienso que se trate tanto de “querer” decirlo, más bien resulta imprescindible. De hecho hay muchos más factores que en la película no aparecen porque sino nos encontraríamos con una película larguísima, pero llegado cierto punto, si se recorta más no se consigue transmitir lo que se desea.