may 3 2011

No tengas miedo: Agarrados por el estómago

Tal y como está el panorama, ir al cine se está convirtiendo en una actividad que entraña cierto riesgo. Crees que pagas una localidad en la sala de proyección para ver una película de cine y te puedes encontrar con cualquier cosa menos con eso. Hombres y mujeres haciendo muecas en lugar de actuar; tramas sin pies ni cabeza; errores narrativos que convierten en catástrofe cualquier intento de agradar o despropósitos técnicos maquillados con el 3D (parece que utilizar esa técnica permite meter la pata en todo lo demás).
Pero una de esas tardes que entras en la sala te encuentras ante una buena película de cine. Apenas das crédito a lo que ves. Desde el primer minuto lo que vas viendo te ancla a la butaca, la cámara se mueve con acierto y elegancia, los diálogos son precisos (ahora se confunde lo simple con lo preciso), los actores y las actrices disfrutan haciendo su trabajo (eso se palpa), todo fluye en la pantalla porque el punto de vista está perfectamente elegido. Estás viendo una película de las de verdad y los noventa minutos de proyección se pasan volando aunque dejan un poso inconfundible. El del buen cien, el de verdad. El que está realizado por alguien con vocación rodeado de un equipo ilusionado con lo que hace.
No tengas miedo de Montxo Armendariz es una excelente película. Entre otras cosas porque el director arriesga al máximo. No hablo de dinero o de cuestiones técnicas. Arriesga todo lo que es él. Lo que sabe y lo que no. Su forma de ver un aspecto de la realidad. Eso, cuando se trata de crear, es fundamental para que funcione el producto final. Es verdad que también arriesga al indagar un territorio extravagantemente delicado; una zona de la realidad llena de tópicos, de tabúes, de miedos y de silencios que hacen inexplicable razonar para entender. Pero esto lo salva bien Armendariz con sensibilidad y dejando lo evidente en el terreno de lo implícito. Se sabe más por lo que sugiere que por lo que muestra. Este director parece saber bien que una forma magnífica de narrar es guardar silencio, no decir para que quede por debajo de la propia narración la esencia de lo que se quiere contar. Y en ese juego de riesgo, el espectador no tiene más remedio que tomar partido. No con la película sino consigo mismo. Cuando uno entra en el cine no tiene otra obligación más que mirar y dejar que le digan. Pero las consciencias no saben de estas cosas y según van recibiendo información comienzan a girar como centrifugadoras. Ese es el gran acierto del director. Arriesga al máximo y pone a funcionar maquinarias. Nada nuevo para un narrador, pero olvidado por muchos.
El asunto que se trata en No tengas miedo es delicado. El abuso de menores por parte de sujetos que convierten a esas criaturas en personas sin rumbo, gentes con actitudes compulsivas, niños y niñas sin futuro cierto y que no saben llegar a su edad adulta aplastados por una culpa terrible. Un asunto que agarra por el estómago a todo aquel que conserve una pizca de cordura y de humanidad. Trata este asunto Armendariz apoyándose en el punto de vista de Silvia (papel que defienden varias niñas y que termina en manos de una Michelle Jenner estupenda) e intercalando testimonios de personas que sufrieron abusos (no sé si acierto al decir que esos testimonios son reales o casi; por supuesto en pantalla lo que apareen son actores) durante una terapia de grupo. Esta zona expositiva acerca la película hasta el documental para darle una credibilidad a la narración mucho más consistente. El cambio de registro se hace con solvencia, sin trompicones. La sensación de conjunto no se pierde en ningún momento.
Silvia es una niña de la que abusa su padre desde muy pequeña. El padre (Lluis Homar) parece un tipo normal, casi encantador. La madre (Belén Rueda) no quiere saber nada del asunto desde el primer momento. Silvia crece y el mundo es una tortura continua porque no hay hueco para ella. Además, nada para. Por más que haga, nada para.
La tensión narrativa se mantiene desde el principio hasta el final. La sensación de angustia se apodera del espectador sin grandes obligaciones, pero con terquedad. Para ello Armendariz mueve la cámara con acierto sin dejar de mostrar un solo detalle que aporte significado a la narración. Sobre todo en esos momentos de silencio en los que lo explícito desaparece del mapa y deja hueco a lo que merodea la acción y le da sentido. O esos planos en los que la cámara va de un personaje a otro mostrándonos lo que hay entre ambos para que sepamos el universo que les separa.
Fermín Galán en la peluquería y Carlos Hernández con el maquillaje hacen un trabajo francamente bueno. Ya veremos si se acuerdan de ellos en los próximos premios Goya.
El guión es del propio director y María Laura Gargarella. Aquí sí tengo que poner un pero. Es posible que al escribirlo, ambos tuvieran la sensación de tener que decir una serie de cosas sí o sí. Y eso se deja ver a lo largo de la película. Es decir, una persona que ha pasado por este calvario no tiene que acumular todo lo que les ha pasado a todos. Silvia, el personaje principal, acumula todo. Yo no sé si esto es así o no en la realidad. Pero sí sé que esto es ficción y las reglas son otras. Da la sensación de acumular un inventario con todo lo posible que va sumando a medida que pasan los minutos. Pero no crean que es una gran cosa. El conjunto sale más que airoso del intento.
Una excelente película. Lenta en su desarrollo aunque no exenta de un fuerte ritmo narrativo que le llega de la zona expresiva. Desde luego, el que escribe estaba deseando encontrarse sentado en la butaca de un cine para ver eso, cine. No dejen de echar un vistazo a No tengas miedo. No se arrepentirán. Seguro.
© Del Texto: Nirek Sabal


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may 3 2011

Thor: La osadía del hijo de Odín

El Universo Marvel, poco a poco, se va expandiendo, adquiriendo cada vez una más que notable presencia en la gran pantalla; no es de extrañar que, tras fracasos como los intentos de Ang Lee con Hulk, la meada fuera de tiesto que fue la trilogía de Spiderman (con Sam Raimi y los estudios de Sony a la cabeza), o una idiotez como The Punisher; la compañía del tío Stan Lee se haya decidido a producir en gran medida las películas venideras de sus superhéroes más emblemáticos, así como decidirse a hacer reboots (Hulk hecha por Louis Leterrier,  interpretado por Edward Norton en vez del Eric Bana de Ang Lee; y la nueva de Spiderman para el año que viene, que no tiene nada que ver con las anteriores, son una buena muestra de ello). Todo ha sido mediante la adquisición de la Marvel por Disney, y una compañía como la Paramount. De este modo, hemos asistido a productos que no buscan un sesudo tratado de filosofía, sino la esencia más pura del cómic, que no es más que entretener. Como Iron Man 1 y 2, Hulk, ahora Thor, dentro de unos meses El Capitán América, el año que viene Spiderman, y de esta forma, reunir poco a poco a todos Los vengadores en un solo film.

El argumento nos sitúa en el reino de Asgaard, la morada del dios Odín, y sus hijos Thor y Loki, los que velan por la seguridad y la paz en el Universo. Cuando Odín ceremonia el traspaso de la corona a su hijo Thor, se sucede lo inesperado. Antiguos enemigos como los Gigantes de Hielo han invadido la cámara de los trofeos para obtener una reliquia de gran poder que les pertenecía. Thor, en su soberbia, no se explica cómo han llegado hasta allí, sobretodo sabiendo que el dios Heimdall, el guardián que conecta Asgaard con el resto de mundos, que todo lo ve y todo lo escucha, no se ha percatado de la presencia de tales sujetos en la cámara acorazada. Asi que nuestro querido Dios del Trueno, junto con su hermano y hechicero Loki, y otros compañeros de armas, deciden desobedecer a su sabio padre, e ir a dar una lección por tal osadía al mundo de los Gigantes. Cuando llegan, arman lo esperado, haciendo peligrar sus mismas vidas, y obligando a que intervenga Odín, que en su ira por tal desobediencia e imprudencia, destierra a Thor a la Tierra, despojándole de sus poderes y su martillo, Mjolnir. Aquí, entre mortales, tendrá que aprender a diferenciar qué es importante y qué no, saber comportarse, y en definitiva, a dar su ayuda por aquellos que la necesitan, sin ningún afán egoísta por medio. Todo empeora en Asgaard cuando su hermano Loki, empieza adquirir ciertos poderes….

Lo que más sorprende de todo esto es el director elegido para llevar a cabo las peripecias de uno de los superhéroes con más renombre en el Universo Marvel, Kenneth Branagh, al que todos conocemos por sus películas como Frankestein de Mary Shelley o Hamlet, y todo hacía suponer dos cosas: o bien se iba a cometer un desastre debido a la falta de experiencia en temas de acción; o bien, una gloriosa y entretenida historia. Ni lo uno ni lo otro, Kenneth ha dirigido con pulso firme un producto destinado al mero entretenimiento, sin ansias de trascender ni ir más allá de lo establecido, un producto correcto. Con un estilo visual rozando los kitsch, donde sobresale artísticamente todo lo ambientado en el mundo de Asgaard, visualmente impactante, bello y hermoso logrando que nos adentremos en ese mundo ilusorio y lejano; y unos personajes que, a pesar de ser meros estereotipos, con unas líneas de diálogos demasiado sencillas, logran empatizar con el espectador, metiéndolo de lleno en la acción, destacando Anthony Hopkins como el poderoso Odín, Chris Hemsworth como Thor, Tom Hiddleston haciendo de Loki, o Idris Elba como Heimdall (el más extraño de todos los personajes y el más carismático). Sin embargo, el resto del elenco no pasa de la mera mueca, como Natalie Portman o Stellan Skargard, que acaban relegados en un segundo plano. El guión es una constante montaña rusa: momentos dramáticos, aventura, comedia y acción se dan de la mano y el resultado acaba siendo un tanto irregular, sin embargo, como ya he dicho, la cinta es un muy buen entretenimiento para evadirse un rato de la realidad y dejarse fascinar por lo imposible. En cuanto a la música compuesta por Patrick Doyle, no es nada nuevo, y cumple su función de adecuarse a cada momento, engrandeciendo Asgaard cuando lo requiere, o los momentos cumbres donde Thor demuestra su valía como héroe, de hecho, escribo estas palabras mientras la escucho, recomendándola para todo aquel megalómano de las bandas sonoras.

En conclusión, podríamos afirmar que estamos ante un producto que no desmerece en nada el espíritu de los cómics (aún habiendo cambios sustanciales), que mantiene sus guiños constantes a los fans (se empieza a dilucidar SHIELD, Tony Stark/Iron Man, y alguna sorpresa que otra), y que no hace ningún daño a una cartelera que deja más bien que desear, con propuestas llenas de dramas sociales y sesudas historias que vienen a contarnos la misma realidad una y otra vez. Y ya para finalizar, un último dato para todo aquel que la vea, esperad hasta que pasen los créditos finales, como ya he dicho, hay una interesante sorpresa de cara a la película de Los vengadores.

¡¡¡LARGA VIDA AL HIJO DE ODÍN, THOR, DIOS DEL TRUENO!!!
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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