Bird: Penetrar en el interior de la melodía

Lenta. Muy lenta. Buena, muy buena. Este sería un resumen excesivamente corto aunque creo que justo de la película dirigida por Clint Eastwood, Bird, a finales de los 80′.
Bird cuenta buena parte de la vida de Charlie Parker. Este músico aportó al jazz nuevos ritmos, nuevas formas de interpretación, la ruptura rebelde del músico negro (no de Parker sino de todos los hombres y mujeres de color) con las formas establecidas por los blancos e, incluso, por los propios negros que encontraban en el jazz una forma de vivir que no de vida. Este músico, drogadicto y desastroso en su vida privada, pasó por el mundo rápidamente, sin dar un respiro a nadie, ni a su música, ni a sí mismo. Este músico fue un genio absoluto aunque pagó un precio altísimo por serlo. Tanto en su vida privada como en la pública.
Eastwood recorre la zona más importante de la leyenda con minuciosidad, dejando ver lo mejor y lo peor, sin mordazas de ninguna clase. Se apoya, cómo no, en la música de Parker y en el testimonio de su esposa, logrando una película entrañable y profunda, desde dentro de una melodía que siempre fue explorada por el artista. Cualquier melodía posible para saber si el mundo encajaba en ella.
Pero la película puede ser algo problemática. Si le gusta la acción, olvide todo esto. Si le gusta el jazz puede tener alguna posibilidad. Eso sí, el bebop es la base en la que se sostiene la banda sonora. Y no a todo el mundo (aficionados al jazz) le gusta este tipo de música. Hay que ordenar el oído para que agrade, tal y como sucedió en su momento, cuando Parker deslumbró a unos y horrorizó a otros con sus nuevos ritmos. Sin estos requisitos es mejor no intentarlo. Aunque es una pena porque la película logra crear un clima perfecto para poder entender la vida de este hombre y las razones que le llevaron a destrozar lo establecido. Es una de las mejores películas sobre el jazz jamás rodadas. Eso es seguro. Con un sonido que obtuvo el Óscar de forma merecida e incontestable.
Chalie Bird Parker es Forest Whitaker. Chan Parker (su esposa) es Diane Venora. Tanto él como ella defienden sus papeles sin fisuras, con enorme profesionalidad. Mejor ella que él porque Whitaker resulta algo histriónico (mínimmamente) en alguna escena y ella no. La dirección de Clint Eastwood es notable aunque gran parte del trabajo lo deja en manos de los escenarios, el vestuario y la banda sonora. Quiero decir con ello que crea un mundo que parece funcionar por sí mismo, sin su ayuda. Dicho de otra forma, sus ayudantes le hacen el trabajo mucho, muchísimo, más simple. Todos ellos son impecables en su labor. Eastwood recoge cada cosa y las mete en la coctelera con acierto. Ya sé que es esto exactamente lo que hace un director de cine. Lo sé. Pero cuando tienen un equipo como ese, el mérito es más compartido que nunca.
Ciento cincuenta y cuatro minutos de metraje. de buena música. De buen cine. De excesos. De vidas destruidas. De modos de morir y de vivir. De todo lo que puede pedirse al cine. Muy recomendable e imprescindible para el que ama el jazz y el cine.
© Del Texto: Nirek Sabal


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