Carles Santos: El cine experimental hace sus deberes

Sobre los deberes del cine ya lo dijo todo Godard cuando los resumió en tres puntos cardinales: el trabajo de investigación, el de pensamiento y, por último, el de espectáculo.
La filmografía de Carles Santos la definiría como la investigación entre las distintas formas cinematográficas más radicales y conceptuales de estimular un pensamiento en el espectador con el procedimiento más espectacular que existe: la simplicidad.
De Carles Santos he tenido el privilegio de ver cuatro cortometrajes: El espectador, Habitación con reloj, La luz y Conversación.
El espectador trata de la silueta de un hombre reflejada en una pantalla blanca. Esta sombra es la única audiencia de un espectáculo, no sabemos cual, en el que durante 35 segundos tenemos la libertad de imaginar a nuestro antojo, de situarnos en el mismo ángulo y contemplarlo todo desde los mismos ojos de esa sombra que somos todos, con los distintos puntos de vista de cada uno. Inventar nuestro propio final o contemplar el bonito paisaje que, misteriosamente, hemos sido capaces de pintar en una pantalla.
Habitación con reloj es la panorámica de una habitación mientras se escucha la voz en off de un hombre repitiendo: tic tac. Esta película, como las otras, nos deja vía libre para imaginar el desenlace y final de una cuenta atrás computada por una voz en off que hace de reloj.
La luz es una imagen fugaz dónde una habitación oscura se ilumina y, seguidamente, un interruptor es encuadrado en primer plano. Los inquietantes sucesos que en esa habitación acontecen corren, solamente, a cargo de nuestra imaginación.
La conversación trata sobre una puerta y una conversación, sobre el rumor lejano e ininteligible que se escucha tras la puerta y que intentamos descifrar en vano. Pero aquí lo importante no es la conversación en sí misma, sino la curiosa emoción que nos produce el espionaje de una conversación privada tras la puerta. Lo que deducimos que ocurre orientados solo por el sonido de unos cubiertos, un trozo de pan que alguien corta en una mesa imaginaria, etc.
En definitiva, Carles Santos consiguió con estas películas hacer un cine de sensaciones más que de técnica, estimular a un espectador mal acostumbrado a un cine mucho más cómodo y evidente.
Cuando miras algo, incluso una pared, ya hay un espectáculo. Me gustaría hacer un film sobre una pared. Miramos una pared y terminamos por ver cosas (Jean-Luc Godard).
© Del Texto: Sonia Hirsch


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