Scream 4: Trastorno de personalidad histriónica

‘’¿Mis amigos? ¿En qué mundo vives, Sidney? Yo no necesito amigos, necesito fans, ¿no lo entiendes? Nunca se ha tratado de matarte a ti, se trata… de convertirme en ti. […] Es la nueva cordura, tú has tenido tus quince minutos de fama, ¡¡YO QUIERO LOS MÍOS!! ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ir a la universidad? ¿Hacer un postgrado? ¿Trabajar? Mira a tu alrededor, ahora toda nuestra vida es pública, todos estamos en Internet, ¿o cómo coño crees que se hace la gente famosa? No tienes que conseguir nada de nada, sólo tiene que ocurrirte una desgracia. De modo que tienes que morir, son las reglas. Nueva película, nueva franquicia.’’
Ghostface


Estas palabras tan significativas y dichas por el asesino en el punto álgido de la trama (y cuya personalidad no voy a revelar), nos sirve para entender qué es lo que nos ofrecen nuevamente Wes Craven y Kevin Williamson tras una década de silencio en la que se creía que esta famosa saga se quedaría en trilogía. El argumento nos sitúa de nuevo en el pueblo donde se cometieron los asesinatos originales, en la localidad de Woodsboro, Gale Weathers (Courtney Cox) y Dewey (David Arquette) se han casado y mantienen un aburrido y tranquilo matrimonio en dicho pueblo, mientras tanto, Sidney Prescott (Neve Campbell) vuelve al pueblo justo en el décimo aniversario de la ola de crímenes para promocionar su libro, que no son más que las memorias de lo que de verdad sucedió. Este hecho marcará una nueva serie de asesinatos que pondrán de nuevo a nuestro trío de protagonistas en entredicho, pues estamos en una nueva generación y eso conlleva nuevas reglas.

Un film donde se retrata la desvirtuación de los mass media como no se había hecho antes en la saga, una crítica feroz a la falta de intimidad como consecuencia de las nuevas tecnologías, las redes sociales y sobre todo a los nuevos valores demostrados en los medios, donde lo que impera es convertirse en famoso a costa de lo que sea y de quien sea (eso lo tenemos nada más abrir la televisión, y ver la de personajillos que salen, por poner un ejemplo inmediato). Y por qué no, todo ello ha contribuido a crear una generación de sujetos con trastornos de personalidad histriónica, esto es, el egocentrismo y el afán por ser el centro de atención, cuando en el fondo lo que implica no es más que falta de seguridad en sí mismos, y esto es una realidad que vivimos, pero no vemos y muy pocos lo notamos. Kevin Williamson en su más que consabido metadiscurso refleja también la falta de ambición de Hollywood, es decir, una década de remakes y revisiones de antiguos clásicos del terror, a cada cual más nefasto, así como el lanzamiento indiscriminado de secuelas y secuelas que no aportan nada a la versión original (en ataque a Saw, de la cual se mofa desde el prólogo), consiguiendo junto a la dirección del tío Wes, un tono clasicista que ya se echaba de menos en una cinta de estas características.

Técnicamente sin grandes artificios, sencilla y clásica; con un desarrollo de personajes lo suficientemente convincente para un slasher, aunque flaqueando en lo que se refiere al trío de protagonistas original y con un ligero decaimiento en el segundo acto aunque con un acto final absolutamente brutal; una fotografía estupenda de Peter Deming, en la línea de sus trabajos con David Lynch (Carretera perdida o Mulholland drive) más que en sus anteriores esquemas dentro de la misma saga; y unos ambientes y decorados que como todo reboot (relanzamiento, nueva visión, parecido a lo que ya hiciera Nolan con Batman), muestran cierta nostalgia y complicidad con el espectador más freak, al repetirse ciertos escenarios o tener características parecidas a las de la cinta original. A destacar la actuación de la bella Haydn Panettiere, o Ninco Tortorella (que recuerda al actor Anthony Perkins haciendo de Norman Bates, Psicosis), o Emma Roberts (sobrina de Julia Roberts, por cierto). En definitiva, estamos ante una nueva entrega de este gran psychokiller, que tiene pinta de reabrir otra serie de matanzas con la consecuente moralina social de los tiempos que vivimos. La pena es, que quien vea en Scream solo muertes, sangre y adolescentes sin entrar a profundizar en nada, se quedará en una mera superficie, como la gran mayoría del público que no ve más allá de lo que hay cuando se trata del género de terror, ah, una de miedo, si, muere mucha gente y tal, una basura, palabras textuales de un snob gafapasta. Una lástima.
Y es que tal y como dice Dewey, la tragedia de una generación es la burla de la siguiente. Así nos va.
© Del texto: Gwynplaine Thor

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