La habitación del hijo: La ausencia de tiempo

Excelente película. Sobre todo porque su director es fiel a algo fundamental: el tema que trata. Nanni Moretti (director y actor al mismo tiempo) sabe que el asunto que quiere ventilar es distinto a cómo quiere contarlo (es verdad que las dos cosas sobreviven juntas, pero no lo hacen confundiéndose). Y no se equivoca con el punto de vista en ningún caso.
Moretti quiere hablar de la ausencia, de las consecuencias que trae la llegada de la falta. Y para ello elige un vehículo muy concreto que es la muerte de un hijo. Muere ese hijo y su entorno se encuentra imposibilitado para retroceder en el tiempo y modificar lo sucedido; para imaginar un futuro que se vacía de sentido al tener espacios vacíos imposibles de llenar; para aguantar un presente que va y viene en el tiempo sin darse una sola oportunidad. La ausencia. La terrible ausencia.
El punto de vista se pega a la realidad del personaje que encarna Moretti (el padre). Y se mueve con solvencia cuando es estrictamente necesario, sin movimientos histéricos que conviertan en un disparate narrativo el relato. Esto es algo que suele ocurrir muy a menudo en el cine actual. Cambios de lo subjetivo al personaje sin sentido que no llevan a ninguna parte.
Las interpretaciones de Moretti y Laura Morante (esta especialmente) son notables. Más justas, seguramente por la edad de los muchachos, las de Giuseppe Sanfelice y Jasmine Trinca. El guión es espléndido por su inteligencia, su contención (no hay espacio para frases sensibleras que buscan lágrimas facilonas) y la parquedad necesaria para que la coherencia y la credibilidad del relato no se resquebraje. Además, todo esto se acompaña de una banda sonora deliciosa que firma Nicola Piovani en su parte original. By This River y Water Dances son temas que redondean el trabajo.
Es especialmente interesante el enfoque que da el director al encajar el espacio en la trama. El padre desesperado dentro de una jaula que sube y baja en el parque de atracciones; la casa que se redibuja como un espacio decadente y sin posibilidades y, por supuesto, esa habitación que se llena de la propia falta, pero es el único en el que se puede sobrevivir.
No soy muy amigo de las películas que abordan estos asuntos puesto que suelen deslizar toda la carga expresiva hacia las zonas más blandengues de la sensiblería, pero en este caso no puedo más que decir lo contrario. No pierdan la oportunidad de echar un vistazo a La habitación del hijo. Preparen palomitas, los pañuelos de papel, abran bien los ojos y orienten el oído. De verdad que merece la pena.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.