La caja Kovak o cómo convertir la ciencia ficción en una irrisión

Todo lo que va mal puede ir a peor. Nunca podemos enfrentarnos a un problema pensando que nada puede estar por encima. El ser humano debe estar preparado para cualquier cosa. Incluso para ver la película La caja Kovak. La firma Daniel Monzón y la protagonizan Timothy Hutton y Lucía Jiménez (¿Quisieron los tres poner fin a su carrera o pasaban por un momento bajo de moral y financiero?). Se incluye (la película) en el género de ciencia ficción. Al menos eso pretendió la productora. Se queda en un intento innecesario y aburrido.
Hacía mucho tiempo que no me topaba con un guión tan mal armado, tan carente de solidez y coherencia interna y lleno de todo lo malo que puede tener un guión cinematográfico, sobre todo de material previsible.  La interpretación de Hutton es muy justita aunque dadas las circunstancias podría haber aspirado al óscar. De un personaje comparable a una patata consigue un personaje normalucho. La de Lucía Jiménez es horrorosa. De un personaje patético se llega al ridículo más escandaloso. El resto es la mediocridad absoluta. Tremendo.
Alguien debería avisar a los interesados de algo tan sencillo como que la ciencia ficción no consiste en contar historietas disparatadas (a toda velocidad) que sean imposibles en la realidad conocida. Los disparates, las majaderías o las idioteces son universales y no van bien en género alguno.
La caja Kovak cuenta cómo un escritor pierde a su mujer. Se lanza por la ventana y muere. En realidad, todos se tiran desde lugares altos y mueren (tal vez era lo que querían el director de la película y su elenco y no sabían cómo hacerlo) Conoce a una joven que, naturalmente, saltó desde su ventana y se libra al rebotar en un hermoso y resistente toldo. El escritor conoce a Kovak que es el que hace que todos salten desde los lugares más insospechados. Es malísimo. Investigó con seres humanos en lugar de hacerlo con monos titís. El tal Kovak le ha preparado un circo al escritor de miedo para que logre una obra maestra de la literatura de ciencia ficción. Introduce un microchip en la cabeza de un pasaje completo del vuelo jk1234 (esto del número es cosa mía, es que quería poner mi granito de arena). Entonces, si el sujeto escucha una canción se lanza al vacío o, en el mejor de los casos, se rompe la crisma contra una pared (esto les pasa a los que desesperados viven en la planta baja). Y poco más. Disparate tras disparate van pasando los minutos. Tontería tras tontería la paciencia del espectador se va acabando. Idiotez tras idiotez el sopor se instala sobre nosotros. Lo mejor de la película llega cuando aparecen los créditos de despedida.
Yo pensaba que había visto lo peor del cine mundial. Pensaba que nada podría causar efecto en mí. Pero no. La caja kovak constata que eso no era cierto. Lo peor está siempre por llegar.
© Del Texto: Nirek Sabal


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