Cotton Club: Cuando Ford Coppola se dejó arrastrar por el dinero y no por su intuición

No es lo mismo rodar El Padrino con música que rodar una película de gangsters, música y chicas. Las dos cosas las dijo Robert Evans, productor de Cotton Club, sobre esta película. Francis Ford Coppola, director, no lo tuvo claro desde el principio. Y por esa razón, casi seguro, ni consiguió El Padrino con música ni una buena película de gangsters, música y chicas. Cotton Club se estrenó y consiguió buenas críticas aunque la taquilla fue un desastre total. Eso es lo mismo que decir que le gustó a muy pocos y que sólo se fiaron de la opinión crítica algunos. Desde  luego, al que escribe le parece una película menor y con una importancia muy limitada dentro de la historia del cine. Salvo la banda sonora de la película que rebosa música del enorme Duke Ellington (eso es apostar a caballo ganador), todo es mediocre, todo se puede olvidar un par de minutos después. Destaca, también, la interpretación de Gregory Hines haciendo un bailarín que se abre camino en el mundo del espectáculo. Bueno, en realidad, también destacan Richard Gere y Bob Hoskins por lo fatal de su interpretación. Todos los actores en esta película sobreactúan, parecen estar en otra cosa, se aburren, no se creen nada de lo que hacen o dicen y parecen estar deseando acabar. Ford Coppola tiene buena parte de culpa porque, aunque Richard Gere es lo que es y no se puede pedir más, las cosas se podrían haber hecho mucho mejor. Por ejemplo, no contratando a ese marmolillo. La puesta en escena trata de ser lo más de lo más y se queda en la línea de salida. El vestuario cuela así como el maquillaje. O sea, que más mediocre que otra cosa en su conjunto.
Lo que nos cuentan en Cotton Club es, efectivamente, una historieta de gangsters, chicas y música. Justo antes de la gran depresión, el local de moda es el Cotton Club. Allí se reúne lo mejor del baile y del jazz. Los malos quieren ganar mucha pasta y quedarse con las chicas guapas. Las chicas guapas quieren gastar mucho dinero y se quedan con los malos, pero desean que mueran lo antes posible para estar con los buenos y bondadosos. Durante la proyección mueren bastantes. Y, finalmente, la cosa queda preparada para que puedan ser felices.
De verdad que no se me ocurre un resumen más amable con la película. Tan sólo un detalle. Mientras Sandman Williams baila, el ruido de sus puntas metálicas y de sus tacones se funden con el ruido de las ametralladoras que escupen balas para acabar con los gangsters. Estéticamente lo mejor de la película. Una metáfora estupenda sobre lo que representa llegar al final de cada cosa. Unos a la muerte, otro al éxito, aunque el ruido de fondo es idéntico.
Cuando vi por primer vez Cotton Club me aburrí mucho. Un segundo intento buscando excelencias que algunos críticos habían encontrado, no hizo más que confirmar dos cosas: me aburrí del mismo modo y que algunos críticos hablan de algunos directores como si fueran infalibles. La tercera y última vez significó, para el que escribe, una especie de colapso cerebral. Todo tiene un límite. Hay mucho que hacer y con un par de oportunidades hubiera sido suficiente.
© Del Texto: Nirek Sabal
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