Fresas Salvajes: La frialdad característica

Supe de la muerte de Ingmar Bergman en un taxi de vuelta a casa tras un catastrófico viaje en el que extravié mi maleta con todo mi guardarropa de verano y un cuaderno lleno de notas filosóficas.
Los viajes siempre tienen una fuerte carga de añoranza, debido, yo creo, a la sensación de habitar un lugar que, sabemos, no volveremos a pisar nunca.
El viaje del profesor Isak Borg a la ceremonia dónde dónde recibirá el premio Doctor Honoris Causa hace una nostálgica recopilación de vivencias y recuerdos del propio Bergman camuflado en la figura del padre, pero que resultó ser enteramente él.
Muchas señales nos advierten durante toda la pelicula de que este es el último viaje de Isak Borg, la última oportunidad de ser absuelto antes de morir. El transcurso del tiempo contado mediante relojes sin manillas; el sueño de la muerte en un carro tirado por caballos y múltiples elementos oníricos, la decrepitud de alguno de los personajes y la infancia anacrónica y obsoleta que recuerda Isak Borg de sus veranos pasados, presagian la muerte del profesor que, hasta el último momento, se muestra frio e insensible sin ningún indicio de sentimentalismo.
El complejo de niño no querido, desarrollado en una matriz fría y nacido de una crisis destaca en esta película que Bergman realizó a los 37 años cuando sostenía una larga lucha con sus padres, aislado de relaciones humanas, recién separado de su tercera mujer y a punto de romper su larga amistad con Bibi Andersson.
La frialdad característica que transmite en toda su obra sobresale en Fresas salvajes hasta la última escena dónde Isak Borg contempla en un claro de bosque iluminado por el sol a sus padres sentados en la otra orilla que le saludan con la mano.
Las carencias, el vacío y la imposibilidad de perdón fluyen de entre las fresas salvajes como una súplica del propio Bergman: Miradme, entendedme, y, si es posible, perdonadme.
Después de llegar a casa, recuperar mi maleta y mi cuaderno con todas mis notas filosóficas, me hice con una bonita colección de todos los libros de Ingmar Bergman. En uno de ellos leía que el cuaderno de trabajo de Fresas salvajes había sido extraviado, y, también, que el significado de Isak Borg era algo así como castillo de hielo.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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