Caché

Uno se coloca en un ángulo perfecto. Se reclina en el sillón voltaire en la posición más confortable y bajo una mezcla perfecta de luz natural y artificial justo a las 20:30 de la tarde. Una banda sonora grandiosa. Un tipo precioso clasifica viejos catálogos de arte sobre una alfombra impecable. Ni rastro de otros tiempos. La sombra gigante que proyecta su flequillo en la pared forma una montaña perfecta.
Desde fuera, en la calle, el plano secuencia de esta portada resulta delicioso, envidiable. Infinitos videoclips caseros así lo evidencian.
A uno le ha llevado años perfeccionar este plano encantador, hacerlo lo más profesional, dilatado y cinematográfico posible. Nos hemos mudado de casa, de pareja, de perro. Lo hemos descompuesto todo para volver a recomponerlo desde la perspectiva más acertada. Hemos colgado el cuadro exactamente dónde antes estaban las marcas de otros tiempos. Hemos centrifugado diariamente las sábanas; agotado los compuestos químicos en las paredes. Del beige, hemos pasado al azul turquesa, luego al verde pop y luego hemos terminado por forrarlo todo con un bonito papel de dibujos art decó.
Todo está bien así. Todos los fracasos están cumplidos. Nada nuevo que nos perturbe ya.
Una preciosa colección de sombreros clasificados por estación; un bronceado estupendo; una brisa en la terraza; un perfume caro; la edad más adecuada; la dieta más mediterránea, ningún sueño pendiente…

Todo está bien así, y, sin embargo, no dejamos de intuir la presencia de un malo en esta película. Y nadie más malo que el pasado invisible empeñado en cambiarnos, de repente, la iluminación perfecta de las 20:30.
Algo de ceniza ha caído en la alfombra. El chico maravilloso ha terminado su clasificación de catálogos antiguos. Una mancha de humedad acaba de atravesar la ciudad geométrica de papel en la pared. De repente las sábanas encogen, la pintura se cuartea, el bronceado se apaga… El pasado necesita de un portazo de verdad y uno ya no sabe exactamente dónde quedó la puerta.
Esta, más o menos, es mi reflexión sobre la cinta de Haneke en esta tarde perfecta. El pasado. Nada más melancólico y trágico que el destino de esta palabra.
© Del Texto: Sonia Hirsch


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.