The Town. Ciudad de ladrones: El montón que no deja de crecer

Siempre he defendido que el cine ha de ser (entre otras cosas) una forma de entretenimiento. Esto, dicho así, podría entenderse mal. De hecho, se entiende mal por muchos. Por ejemplo, Ben Affleck cree que con muchos disparos, muchas carreras, muchos vehículos destrozados, una pizca de sexo y mucho amor, se consigue que el cine se convierta en ese mecanismo de evasión para cualquiera que se siente frente a una pantalla. Por supuesto, lo que consigue en su película The Town Ciudad de Ladrones es justo lo contrario. Una película aburrida, vacía y extraordinariamente larga desde el minuto tres (más o menos). Y es que no se trata de liar la marimorena en la pantalla a base de mucho mover la cámara de un sitio a otro persiguiendo explosiones y cosas así. La cosa es bien distinta.
El guión de la película es flojísimo. Si alguien intentara subrayar un par de frases con carga expresiva (no mucha, poquita, sólo poquita) se le secaría la tinta de la pluma esperando a encontrar algo razonablemente bien construido o con un mínimo de profundidad. Esto provoca que los personajes dejen de interesar desde el comienzo, que no evolucionen nada. La película es una galería de personajes estereotipados, huecos; que terminan en el mismo lugar en el que comienzan, en ninguna parte. No es suficiente (ni siquiera para entretener) ver a Ben Affleck luciendo tatuajes o a Jon Hamm siendo el agente del FBI de millones de películas. Se salva Jeremy Renner porque es un excelente actor aunque su personaje es otra castaña pilonga.
La cosa va de ladrones que asaltan bancos y de policías que tratan de arrestarles. La cosa va de soy un chico malo porque nací en un mundo hostil, pero conozco a una mujer maravillosa que me hace cambiar. La cosa va de soy una chica normal, pero ante el amor soy capaz de sobrepasar el límite y arrimarme a los malos. La cosa va de lo que ya nos han contado un millón de veces y aburre a las ovejas. Affleck, que es el director de la película y co-guionista, elige narrar lanzando tres o cuatro vehículos por los aires creyendo que eso tapa las enormes carencias de su dirección y de su guión. Y el resultado es aburrido y poco original.
Es una catástrofe para el cine que se desperdicien millones de euros de esta forma. Es una catástrofe que cualquiera escriba lo primero que se le viene a la cabeza y se convierta en una película. Es una catástrofe que se asuma como normal que cualquiera puede hacer dentro del cine lo que le apetezca dependiendo de cómo se llame. Tienes nombre, tienes película.
Yo no perdería el tiempo viendo esto. Hay formas de pasar un buen rato que nada tienen que ver con mirar imágenes en movimiento sin sentido alguno. Todas las cosas que son del montón, cuando hablamos de cine o literatura, sobran. Bastante grande es ya la dichosa pila de mediocridad.
© Del Texto: Nirek Sabal

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