Mujeres al borde de un ataque de nervios: Cóctel de vida

Esta es una historia de abandonos y de histeria colectiva dónde la obsesión radica más en la propia búsqueda que en el objetivo final. Un cóctel de gazpacho, orfidales, cabinas de teléfono, contestadores automáticos, ventanas rotas, maletas, terroristas chiítas y vinilos volantes.
Con claras referencias fellinianas y una disposición escénica teatral y tragicómica, Almodóvar nos cuenta la obsesión de Pepa por contactar con un inalcanzable Iván. Una fatídica relación que deja a Pepa enganchada al Lorazepam con la única compañía de macetas, conejos y gallinas; a Marisa dormida en una bonita terraza mientras pierde su virginidad en sueños; a un atolondrado Carlos atrapado en el agitado universo femenino; a Lucía, más lunática que nunca, de vuelta al sanatorio; a Candela maltratadísima por el mundo árabe; a un taxista regocijándose en las miserias ajenas; a una portera cotilla husmeando entre maletas y a Iván, la justificación de tanto disparate.
Todos ellos personajes creados para la ansiedad bajo la antiestética de los 80 y publicitando incansablemente el Orfidal alrededor de una búsqueda incierta y un constante estado de espera de no se sabe qué.
Un disparate de película que se conserva tal y como la recordaba. Una Pepa envidiable quemando una cama matrimonial, destrozando teléfonos rojos, lanzando maletas y vinilos de boleros por la ventana, y un socorrido Orfidal cumpliendo más que nunca su misión.
Qué maravilla.
© Del Texto: Sonia Hirsch

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