Giran (Vecinos): Una mirada lenta

El Cairo.
Garden City es uno de los barrios creados con la modernización de Egipto, en los inicios del siglo XX. Un área, junto al Nilo, de magníficas residencias y cuidados jardines donde habitaba el patriciado.
Pasear por sus calles era como hacerlo por París; porque, como recuerda una de las antiguas moradoras: el pueblo para nosotros no existía, no era más que lo que veíamos desde el coche cuando íbamos al centro, a través de los cristales. Y nos daban miedo…, porque iban sucios.
Giran, transcripción de la palabra árabe vecinos, es un documental en el que la directora Tahani Rached, egipcia y canadiense, traza las sombras que habitan hoy ese espacio urbano.
Lo hace sosteniéndose en dos ejes principales que se cruzan y se ramifican.
El primero lo forman los viejos palacios y sus historias. Aquí trabaja Rached sobre la decadencia, desde la empatía con la vieja aristocracia; y hace un análisis político de las consecuencias de la revolución de Nasser, sus luces y sus sombras.
El segundo eje es la herida abierta en el barrio por la embajada de los Estados Unidos de América y sus invasivas medidas de seguridad.
Alrededor de estos dos polos, se articulan las pequeñas historias de la gente humilde, se entreveran imágenes antiguas de documentales y de viejos filmes, fotografías en blanco y negro.
A pesar de cierta casualidad en la dirección de las entrevistas y los recorridos, la película está montada con eficacia y la directora consigue sacar la verdad de todas y de cada una de las personas que se exponen para nosotros ante su cámara; una verdad cruda hasta el estremecimiento en la mirada sobre el pasado y sobre el presente de los viejos señores, pero también en la sinceridad de la gente humilde y en su carencia de resentimiento.
No buscando la recreación estética, la alcanza sin embargo en algunos momentos evocando interiores de gran belleza y profunda intensidad psicológica.
La película es especialmente oportuna hoy, para continuar armando el complejo rompecabezas de esa sociedad cairota pacífica, poliédrica y muy desconocida para el viajero occidental, casi siempre turista de rápida mirada. Una sociedad joven y simpática, que hoy se rebela contra la ausencia de futuro dando una lección al mundo.
No conocer las anteriores películas de la directora, entre ellas las documentales Beirut, a falta de estar muerto (1983), Cuatro mujeres de Egipto (1997); Zoraida, una mujer de Palestina (2004); y Estas chicas (2006), nos impide analizar su contexto creador, pero nos sugiere interesantes descubrimientos de una cineasta longeva, pero desconocida en nuestro país.
Es un nuevo mérito en la estupenda programación de actividades de Casa Árabe, en donde los recursos públicos (Ministerio de Asuntos Exteriores, Comunidades de Madrid y de Andalucía, y ayuntamientos de Córdoba y de Madrid), se utilizan para lo que debe de ser, fomentar la cultura, el conocimiento y la comunicación entre los seres humanos.
Eso es lo único que somos. De eso es de lo que habla la película con el artificio del espacio urbano.
Me ha mantenido interesado y atento.
© Del Texto: Ivor Quelch

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