Introducción al cine experimental

No hay cine sin experimentación. No hay cine sin creadores capaces de ir a contracorriente, sin miedo a llegar a los límites.
Somos muchos los que detestamos la cartelera actual, los que nos salimos de los caminos trillados convencionales, los seguidores de obras imprescindibles de la historia del cine que nunca se verán en una sala comercial.
Una película artística es la que se aparta del circuito comercial y popular por su estética y su contenido ideológico o político. En el cine comercial no se deja nada abierto, incompleto. Jamás hay lagunas ni atisbos de profundidad por descifrar. Es posible que Hollywood sea el maestro en la forma más visceral de cine, de sonido, montaje y argumento más imponente, pero el cine artístico domina otro recurso irrebatible: el de la imagen en sí misma.
En esta época de declive, sin nuevas corrientes ni tendencias de interés, yo estoy de acuerdo con Guy Debord: Es necesario destruir el cine. Deshacer y rehacer de nuevo creo que sería el renacimiento que el cine (entre otras muchas cosas) está pidiendo a gritos. Porque es en su forma más pura dónde el arte pega fuerte.
Experimentar con el rollo de película, descomponerlo, desdibujarlo. Hacer un cine sin forma, sin historia que narrar ni mensaje que comunicar.  Un cine dónde las palabras sean imágenes y los sonidos suenen de forma fortuita. Sin la cárcel que conlleva una estructura narrativa o cualquier código cinematográfico. Toda historia tiene un principio, un desarrollo y un final, pero no necesariamente en ese orden (Godard).
Porque el cine jamás debe verse, sino experimentarse, experimentarse libre de cualquier análisis para dejarnos absorber por razones inexplicables.
Candice Breitz decía, y yo estoy de acuerdo, que las imágenes tienen peso y valores diferentes. Que el significado cambia según el momento, en lugar de ser inherente a ellas. Así podemos pasarnos la vida viendo la misma película pero experimentando distintas impresiones cada vez.
Cómo el cine, yo ya estoy un poco necesitada de aire fresco, así que como me considero una persona altamente temeraria, amante de todo lo absurdo y estrambótico, me preparo para los próximos dias un bonito ciclo de cine experimental, desde Val del Omar y Carles Santos hasta Buñuel y Godard.
Y ahora les dejo con unas bonitas líneas de Pío Baroja:
No hay que respetar nada, no hay que respetar tradiciones que tanto pesan y entristecen. Hay que olvidar para siempre los nombres de los teólogos, de los poetas, de los filósofos, de todos los mixtificadores que nos han entristecido la vida sometiéndola a una moral absurda. Tenemos que inmoralizarnos. El tiempo de la escuela ha pasado ya; ahora hay que vivir.
© Del Texto: Sonia Hisch


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