La semilla del diablo: Las cloacas del alma

El edificio Dakota en Nueva York data de 1.880 y está situado al oeste del Central Park en el número 1 de la calle 72. Originalmente, tenía 65 apartamentos, de 4 a 20 habitaciones cada uno. En el edificio hay ascensores y escaleras para el servicio doméstico. Las habitaciones principales están conectadas unas con otras a la manera tradicional, pero también había un pasillo que permitía el paso desde una habitación a otra. El edificio tiene un gran comedor, algunos de 15 metros de largo con techos de 4 metros de altura. La comida podía ser enviada a los apartamentos por ascensores principales. La electricidad era generada por una pequeña estación eléctrica y en la buhardilla había una zona de juegos y un gimnasio. También había jardín, campo de croquet privado y una pista de tenis.
Allí residió Lauren Bacall, Leonard Bernstein, Judy Garland, Boris Karloff, John Lennon o Sharon Tate, asesinados ambos en el propio edificio.
A día de hoy, sus apartamentos están valorados en millones de dólares, pero su curiosa comunidad de vecinos no deja cerrar una venta sin el consentimiento de cada uno de ellos.
Este es el escenario maldito dónde Roman Polanski rodó La semilla del diablo, un paradigma modélico del cine de suspense y terror. Una película dónde, el terror no radica en escenas violentas ni efectos especiales, sino en una creación atmosférica perfecta de obsesión y paranoia dónde una angustiada Rosemary Woodhouse es víctima de una conspiración satánica por sus vecinos.
Me llaman la atención varios detalles al documentarme sobre la película: que el demonio fue interpretado por Anton La Vey, el fundador de la iglesia de Satán; que el apartamento dónde fue rodada la cinta era el domicilio de John Lennon; que Charles Manson odió tanto la película por divulgar el mensaje demoníaco, que intentó asesinar a Polanski, y al encontrarse éste de viaje, terminó asesinando a su mujer, Sharon Tate y que, parece ser, que Polanski afirmó que no creía en dios ni en el diablo.
Muchos detalles de la película dan a entender la muerte de dios quedando el mundo dominado por los instintos perversos del hombre. La venta de almas al diablo está a la orden del día, la inmoralidad y la chapucería prevalecen sobre todos los principios y fundamentos, y eso, y no los lunáticos armados de hachas, es lo que nos da miedo. El mundo desconocido y secreto del alma humana.
Yo no sé ustedes, pero yo no dejaré de pasarme por el número 1 de la calle 72 cuando me acerque por Nueva York. Ya les cuento.
© Del Texto: Sonia Hirsch


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.