Pulp Fiction: Carcajadas violentas

El cine es una representación de la realidad. Para muchos una recreación de esa realidad. Para algunos es la recreación (sea cual sea el asunto del que se trate) desde la ironía, desde el sarcasmo o la violencia -como parte fundamental de la condición humana- de esa realidad que llamamos día a día. En este último grupo nos encontramos con Quetin Tarantino. Poco existencialista ha salido el hombre. Gran director y guionista. Y, como todos los grandes, tan denostado como admirado y aplaudido.
A Tarantino le gusta contar historias. Yo diría que es eso y no otra cosa  la razón por la que hace cine. Además de gustarle contar historias, lo hace con acierto, llenando de matices lo que dice, usando recursos inteligentes y descarados que envuelven al espectador de principio a fin. Elipsis y rupturas espacio temporales de la línea narrativa y sordidez. Sobre todo eso.
El ejemplo más claro de lo que quiere este director una vez que se coloca tras una cámara de cine es su película Pulp Fiction. Su mejor largometraje. Violentísima, extravagantemente soez, en el límite del lado más amargo del ser humano. Apenas queda hueco, entre secuencia y secuencia, para que pueda verse una chispa de entusiasmo por la vida. Todo es sucio, todo está moribundo, todo es un enorme delito, todo se ve desde detrás de la costra de mugre que cubre la realidad. Pero, aunque pueda parecer mentira, es una película con la que (si alguien está dispuesto) las carcajadas están aseguradas. Las propuestas de Tarantino son así. Lo repugnante existe para que lo pasemos de maravilla. También de lo odioso podemos mofarnos. Claro que sí.
Tarantino divide la historia en partes que se explican entre sí aunque sólo al final se cierre el círculo que se traza desde el no saber y desear conocerlo a toda costa. Drogas, asesinatos, violaciones, perversiones, venganza, música de gran calidad, un guión inteligente y bien trenzado que ordena todo un cosmos ingobernable. Esos  son los ingredientes. Más o menos. Si le sumamos una dirección de actores extraordinaria que logra sacar lo mejor de actores y actrices, tenemos como resultado una obra maestra del género.
Pulp Fiction ha dejado, para que la historia del cine sea mejor, escenas inolvidables. John Travolta y Uma Thurman bailando (¿no les recuerda a Fellini?) en un antro delirante en el que sirven copas los imitadores más ridículos del universo de estrellas del espectáculo. Travolta, Samuel L. Jackson, Tarantino y Harvey Keitel intentando deshacerse de un vehículo lleno de sangre y sesos(¿No les recuerda al propio Tarantino que dejó a medio mundo con la boca abierta al presentar Resevoir Dogs?. Bruce Willis eligiendo arma de entre bates de beisbol, motosierras, catanas y cosas así, antes de salvar al ganster que le quiere liquidar (le están violando una banda de tarados. ¿No les recuerda a esos cómics que leían en el baño?). Todas violentas, grotescas, apabullantes, disparatadas. Exageradas y llenas de ritmo narrativo que cargan la suerte sobre los personajes que se construyen con mimo desde la primera escena. Cosas que sólo el ser humano puede proporcionar (lo de la violencia y el delirio brutal, digo).
La película lleva y trae al espectador de un lado a otro. Con violencia, también. Del lado oscuro al lado horrible, del lado insultante al lado más patético. No hay más remedio que integrarse en la propuesta. De otro modo es mejor levantarse de la butaca y salir pitando.
Como siempre cuando hablamos de Tarantino, la banda sonora es espectacular. Impresionante. No recuerdo un solo tema (ni en esta película ni en ninguna otra firmada por este hombre) que no sea grandioso.
El montaje es excelente. Ritmo preciso, ni un tiempo muerto que no aporte carga narrativa, reflexiva o artística al conjunto. Nada que distorrsione lo que significa cada escena.
Y el conjunto es excelente.
Mojigatos, mejor no. Amantes de la ortodoxia, tampoco. Catequistas que no dicen palabrotas o enamorados que necesitan la belleza para sobrevivir, menos. Por favor, no lo intenten. Al resto, desde este blog, les damos la bienvenida al infierno. Al mundo, vaya.
© Del Texto: Nirek Sabal


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