feb 8 2011

Insomnio: Rebelión del pasado

Estoy soñando. Sueño con una amiga de cabellos rojizos que sueña a su vez con un hámster rodando dentro de una bola de plástico de llamativos colores, que de repente se transforma en un panda parecido al de un personaje de un anime japonés llamado Ranma ½. Rodando y rodando… en el sueño acabé vomitando. Y como pasa en la realidad, me desperté sudando, con fatiga, agonizando.
Da la casualidad de que últimamente padezco cierta alteración del sueño. Simplemente, a veces, es puro desfase por los estudios que en plena época de exámenes consigue hacerte ver pequeñas alucinaciones, sobretodo si vives en un bajo en el que solo da la luz del sol durante 6 meses al año (y no es precisamente en la estación en la que estamos); o simplemente, otras veces, es puro y duro insomnio.
Da la casualidad de que en mi videoteca, a esas altas horas de la madrugada, sobresale una película del violento Dario Argento que se titula igual que mi enfermedad, por ponerle cierta connotación a dicho estado. Insomnio. Un término demasiado usado en estos días, en la llamada sociedad del hipócrita bienestar. ¿Qué bienestar hay cuando no puedo conciliar el sueño, rodeado de lujos (a eso le llamo un techo donde cobijarse, para mí lo es, para otros no es más que cemento)? ¿Son las malditas ondas de las que estoy rodeado a diario? ¿Es el ruido? ¿La contaminación? ¿La gente? ¿La estupidez? ¿O la ciudad entera? No lo sé.
Da la casualidad de que tampoco lo sabe el asesino de esta película.

El argumento es el de cualquier película de suspense con psycho killer o psicópata por medio que juega con los protagonistas, y como no, nunca falta la figura del típico policía investigador obsesivo (con un actor como Max Von Shydow no hace falta decir más, da igual el bodrio que haga, que su papel lo interpreta perfectamente). Hasta ahí, nada del otro mundo, de hecho, la película es un tópico tras otro del género, con la salvedad de que el buen hacer en la realización de Dario Argento se deja notar en cada secuencia, en cada plano, en sus muestras de pasión por la violencia y el gore, y ese estilo ochentero que impregna toda la cinta, desde la música, la fotografía y terminando por esos personajes sobreactuados, y eso que hablamos del año 2000. Pero lo que más me fascina es el mundo del asesino, siempre me han maravillado los psicópatas ya sea en la vida real o en el mundo del cine, esos toques característicos de cada uno, el por qué matan, las causas de sus traumas, sus patrones y las dimensiones de las consecuencias de sus actos. Como éste del que hablo aquí, llamado el El enano asesino. Guiado por una pequeña canción enfermiza, grotesca, enmascarada en un cierto infantilismo y en la falsa inocencia del ser humano. Una canción que, como cualquier otro hecho, a una edad temprana puede activar un mecanismo en nuestro cerebro, como si se tratase de un resorte que saltara, que da pie al animal que tenemos dentro, esa bestia inherente que nunca dejamos salir, ser libre. Una canción obsesiva como ésta:

‘’Ya es media noche y en mi cama doy vueltas y vueltas
Así fue como empezó mi guerra con las bestias de la tierra.

Una de la mañana.
El granjero, como un niño ilusionado se prepara.

Al cerdo de un golpe el cuello secciona,
y victorioso la batalla abandona.

Y dieron las dos, el gallo cantó su canción.
El instrumento que su dulce canto entona,
prolongado placer proporciona.

Las tres son ya,
el granjero al pollito va a estrangular.

Dice que no le deja dormir,
ahora en su cama ni pío va a oír.

Cuatro de la mañana,
la gatita a la puerta llama.
En agua helada doy un baño al bicho.
Y lo ahogo por puro capricho.

Y al dar las cinco,
aplastado vivo queda el conejito.
Con sus dientes de conejo mordió y peleó,
pero al final nada le sirvió.

Y a las seis de la mañana,
el largo cuello del cisne arranca.

Cuando su misión haya cumplido,
habrá muerto su último enemigo.

Llega el alba, el granjero cansado,
se acuesta en su cama.
Todas sus armas ha recogido,
y podrá irse a dormir tranquilo.’’

Es una historia de consecuencias, que evoca al pasado, a los recuerdos, ese círculo sin fin que subyace en nuestra mente de alguna forma y que podemos omitir pero no olvidar. Todos los personajes viven constantemente en un mundo que ya no existe, incluido el asesino, son entes que se guían por sensaciones y recuerdos, y no siempre lo que fue era lo que pareció ser. SIEMPRE hay cabos sueltos, retazos inconexos en el cerebro, falta de información de momentos importantes, lapsus de memoria que vienen y van sin pedir permiso…, y nunca puede uno decir El pasado ya se fue. No. El pasado SIEMPRE vuelve, de una forma desvirtuada o no. Pero lo que si que queda claro es que NUNCA se va, se queda ahí, durmiendo plácidamente o atormentándonos en las peores pesadillas, en cada acción que realizamos, en cada hecho que vivimos.
Asi que ya sabéis, dormid insensatos o acabaréis como yo: psicópata perdido.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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