Animal Kingdom: El mejor de los seres vivos

A lo largo de nuestra vida somos testigos de todos los sentimientos que afloran en nosotros hacia las cosas y personas que nos rodean. Una infinidad de sentimientos que llegan a evolucionar hacía extremos insospechados por nuestra razón, que muchas veces tiene ideas preconcebidas sobre el límite de las emociones.
Probablemente Joshua Cody, o J, como se hace llamar el protagonista, no se imaginaba lo que podría llegar a sentir por su propia sangre en el momento en que no le queda más remedio que trasladarse con sus tíos al fallecer su madre por una sobredosis. Animal Kingdom, ópera prima del australiano David Michôd,  se presenta como el thriller de la nueva familia de J; una familia de peligrosos criminales cuya estabilidad se ve alterada en el momento en que Joshua se incorpora como uno más.
Michôd sabe cómo atrapar al espectador desde el primer minuto, y sorprenderle con un brutal, pero sobrio comienzo. No sólo por la impasibilidad aparente que demostrará el protagonista durante las casi dos horas en las que transcurre el film, sino por la forma en que aborda la temática de la película: drogas, atracos, coches robados y criminales. Y apenas veremos unas gotas de sangre, tiroteos o violencia gratuita de la que suele abundar en este género. Y es que es la idea inicial que uno se puede hacer sobre esta obra al leer una simple sinopsis en internet. No obstante, este largometraje va mucho más allá del tópico del crimen organizado a manos de una familia. Atraviesa el crimen, sí, pero llega a la familia; como un elemento que todos tenemos de una u otra manera, y queremos de otra o una manera; que puede compatibilizar la maldad que reside en las acciones de un padre atracador o drogadicto con la inocencia de un hijo, el egoísmo de una abuela de dura fachada con las dudas de un adolescente recién llegado a la familia, mientras haya un sentimiento que los une.
En el caso de Josh, David Michôd nos cuenta la historia de su familia desde la mayor tranquilidad. Aunque con un inicio intenso, el desarrollo transcurre algo lento por la carencia de acción continuada, por el enfoque en el detalle de cada personaje interactuando en el núcleo familiar, que poco a poco se va descomponiendo a medida que cada uno de los tíos de J va quedando entre la espada y la pared, especialmente en el momento en que el inspector Leckie (Guy Pearce), el policía con escrúpulos, intenta utilizar a Josh para llegar hasta sus tíos, y de paso, hacerle un favor. Guy Pearce, en el papel del inspector, y Jacki Weaver en el de la abuela y cabeza de familia, terminan de pulir el brillo que hace resplandecer a esta película llena de caras poco conocidas, pero convincentes, como la del joven protagonista, James Frecheville, que debuta en la pantalla grande y cuyo trabajo se perfecciona gracias a la cámara, y no porque tenga un rostro agraciado. Los diferentes planos, analíticos, asépticos, escudriñando al confuso J, cuestionan constantemente la posición que irá tomando J ante cada suceso que tiene lugar y si cederá a la palabrería de Leckie. En muchas escenas el silencio prima sobre el discurso de los personajes: Un beso de la abuela a sus hijos, la palmadita del tío en el trasero a su mujer, la mirada de J a su novia. La carga sentimental que Michôd incorpora en este thriller prima por encima de todo, de la mano de una cuidadosa selección de diálogos corporales, respondiendo al título Animal Kingdom. El reino animal. Y es que ¿no es ese acaso el mundo en el que vivimos? ¿Un mundo en el que lo que nos guía, en definitiva, no es si no nuestro instinto animal, nuestra tendencia a dejarnos llevar por nuestros sentimientos por encima de todo? Cualquier cosa para sobrevivir, no solo a la vida, sino a lo que arrastramos en ella: El amor, el dolor, la compasión, el orgullo. Todo lo que hace de nosotros el más superior de los animales.
Sin duda, el primer largometraje del australiano tiene más que merecido el premio del jurado al mejor filme internacional de drama en el Festival Sundance 2010, el que puede considerarse el padre de los festivales de cine independiente. Lo que es una lástima es que tenga que existir el concepto de cine independiente para reunir, en su gran mayoría, a aquellas películas que demuestran contener un poco de la esencia de la humanidad.
© Del Texto: Coletas


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