El número 23: Disparate total

Jim Carrey es un actor que dedica su tiempo en cosas como hacer gestos que él cree que son muy graciosos, a moverse delante de las cámaras dando zancadas grandes y ridículas, a estropear algunas películas que podrían funcionar sin su presencia y a todo tipo de cosas que conviene olvidar con rapidez. Algunos dirán que estaba muy bien en esa en la que hacía de pobrecito engañado por una corporación que vendía su vida en la televisión o que estaba bien en esa que hizo con Kate Winslet. En El show de Truman estaba algo más contenido de lo normal. En ¡Olvídate de mí! está ramplón (es la señora Winslet la que salva los muebles). En fin, Jim Carrey es un desastre de actor. Y las películas que suele interpretar son un tostón indecente.
Pero una de ellas es el no va más. El número 23. El asunto es que un tipo descubre una obsesión que tiene que ver con ese número. Luego resulta que nada es lo que parecía. Todo suma 23. Incluso las veces que un espectador con cierto criterio piensa en la muerte durante los 94 minutos de película suman 23. El guión está escrito para divertir a un idiota y lo debió escribir otro. La propuesta es lamentable. Técnicamente es una película ramplona. El mensaje es cero. Y, además, el protagonista es Jim Carrey en estado puro. O sea, un auténtico desastre.
No voy a gastar un solo minuto de mi tiempo en resumir la trama porque, francamente, no se me ocurre cómo hacerlo sin sufrir un ataque epiléptico.
Un consejo: mejor que no se le pase por la cabeza ver esta cosa. Se arrepentirá.
© Del Texto: Nirek Sabal

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