Doctor en Alaska, Mad Men: La pequeña pantalla ya es grande

Los hábitos a ver cine se han modificado notablemente. Lo que antes era un movimiento del sujeto hacia la soledad y el silencio, hoy ya no lo es.
En primer lugar, en las salas de proyección, los espectadores hablan, comen, atienden mensajes en el móvil (algunos atienden llamadas). Esa magia que antes se imponía en la sala por lo sagrado del momento (sagrado es toso aquello que conmociona al ser humano) o por los acomodadores que velaban por eso que falta ahora y tanto añoramos; esa magia, ya no está. El espectador va a pasar el rato y eso incluye (por lo que se ve) hacer lo que le da la gana.
Por otra parte, hoy las películas se ven en casa. Bien en el televisor, bien en el ordenador. Incluso se ven en el automóvil. Eso permite que, además de atender a la película, podamos escribir o charlar con el que tenemos a la derecha mientras besamos al de la izquierda y levantarnos para beber agua. O parar la proyección si nos da la gana.
Esta claro que la variedad de los formatos ha resultado ser una fábrica de diferentes tipos de espectador. Y, por tanto, de usos respecto a una película de cine.
Hay que añadir la falta de tiempo que padece gran parte de la población. Los que trabajan porque trabajan; los que estudian, carrera tras carrera antes de trabajar, porque estudian; los que no trabajan porque buscan empleo; todos andan a la caza y captura de un rato libre para hacer tres o cuatro cosas a la vez.
Esto no es nuevo. Hace años que viene sucediendo. Y hace años que algunos lo vieron con claridad y sacaron provecho.
Metan todo lo dicho hasta ahora en una coctelera. Agiten. ¿Qué tenemos? Buen cine para la televisión. Algo que el espectador espera con ganas, que no le quita mucho tiempo y le permite hacer otras cosas. En fin, series de televisión. Ya no sé si hay que decir gran televisión o gran cine. Está todo muy pegado. Desde luego, yo diría gran cine.
Algunas de estas series son una castaña pilonga. Eso es verdad. Pero las buenas lo son de verdad. E incluyen todos los ingredientes que se pueden exigir en el cine sumados a los del formato pequeño.
Dos ejemplos. Uno clásico. Otro muy actual.

Doctor en Alaska o un mundo paralelo y delicioso.
Esta serie es, sencillamente, deliciosa. Personajes bien trenzados que hacen de contrapunto y se explican entre ellos. El mundo que se dibuja de forma surrealista o mágico y siempre entrañable. El guión ágil, divertido e inteligente. Insólito comparado con lo que nos sirven a diario las cadenas de televisión. Valores que el ser humano está olvidando sueltos por la pantalla y que llegan desde el amor, el sarcasmo, la ironía, la muerte o el disparate.
Un joven doctor en una ciudad lejana en el centro de ninguna parte (Alaska) y un grupo de habitantes delirantes que hacen vivir al muchacho situaciones llenas de buen humor, humildad, amistad, filosofía, materialismo o lo que toque. Por cierto, la tensión sexual que se mantiene entre los personajes principales está trabajada de forma magistral durante toda la serie. Y la música es exquisita.
Sería una pena que no lo intentaran. Por supuesto, los jóvenes disfrutan de lo lindo.

Mad Men o el personaje en estado puro.
Serie actual y magistral. Podría parecer que se carga la suerte sobre la trama en cada capítulo cuando, en realidad, son los personajes los que arrollan con todo lo que se encuentran. Su evolución es atractiva, emocionante e intensa. El vestuario bien. La iluminación bien. La música bien. El sonido bien. El maquillaje bien. Todo está bien.
Excepcionel el ritmo narrativo. Sobresaliente el conjunto. Gran cine. Cine del bueno.
Cuando iba a comenzar el primer capítulo de Mad Men pensé ¿qué pinto yo aquí? ¿Me interesa algo lo que hacían en Estados Unidos los publicitarios hace más de cincuenta años? Pues pintaba mucho y me interesó enormemente lo que me decían. Un mundo inquietante, extraño; una forma de relación entre personas que hoy sería condenada a la primera de cambio; y sobre todo a las personas, cuenta a las personas.
Esta ya no es tan apropiada para jóvenes. Sobre todo para los más jovencitos de entre los jóvenes.
Gran televisión. Gran cine. Tal vez el del siglo XXI.
© Del Texto: Nirek Sabal


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